"...mi hijo es gay...", sin mas me tomó la mano y trató de llevársela a su tensión en medio de las piernas. Como pude traté de alejarlo, no fue necesario acudir a la fuerza, tan solo lo corrí y él cedió. Yo iba sentado al lado de la ventana de la 354, con dirección a La Florida, a la altura de Pedro de Valdivia con Bilbao, me percaté porque me estaba parando del asiento, para dejar al caballero solo con su ansía en los sillines rosa; para sorpresa mía, me percato que el personaje en cuestión, explotó en llantos de angustia, se tomaba su testa canosa con ambas manos, algo en mi interior me llamó, primero a la calma, y luego, ante tal espectáculo de desolación, a recular en mi decisión de alejarme. Ojo!!, no con el afán de dejarme manosear el "muñeco", sino de consolar, y de ser posible, llegar al fondo de lo que mi intuición me decía.En tono severo, lo conmino a moverse al asiento de la ventana (buena gente, pero no huevón). Con cara de espectro y aroma a marchito, el caballero se corrió lentamente. Sin mediar mas provocación, se largó a contar una historia de parangones inimaginables, la que procedo a narrar.
Me comenzó diciendo que venía de un lugar lejano, tanto que no existen registros, cosa que no me generó dudas dado su peculiar atuendo, un traje de dos piezas blanco, con un cinturón en el tono y de una tela indefinible. Al pronto, comenzó a narrar que se tuvo que separa de su hijo, cuando este era un niño, un recién nacido en realidad, lo envío lejos porqué donde vivía corría grave peligro; se me vino de inmediato a la mente la zona del Medio Oriente, como su lugar de residencia. Bueno, el asunto es que pasaron varias decenas de años, la misma de su hijo; había escapado de su región, luego de un tortuoso destierro, sólo para volver a verlo. Además me señaló que su hijo pensaba que estaba muerto, ya que su región fue devastada completamente y no quedaron indicios de sobrevivientes. La idea del Medio Oriente, se me hizo mas clara aún.
Me señaló que había sido una hazaña, primero, llegar acá, y luego, dar con su hijo. Me imaginé lo problemático de llegar de un país lejano, insertarse en una cultura diferente y luego, dar con su hijo. Pero a reglón seguido, me señala cual fue a ciencia cierta su dolor, me dijo que cuando lo encontró, supo que trabajaba en un diario importante, lo vio besándose con un fotógrafo americano, que hacía una pasantía en ese megazine, el nombre del fotógrafo se le quedó grabado con fuego e ira, porque sin preámbulos se lo presentó luego de ser testigo de ese ósculo demencial a su entender. "...se llama Peter Parker.", le señaló su hijo. A esta altura el relato tomaba un matiz doloroso. Por lo mismo, como pude, le traté de decir que la opción sexual, se orienta por amor y que su hijo, probablemente, estuviera enamorado de ese fotógrafo. Sin dejarme terminar, me señaló que en su sociedad las cosas no son así, los hombres cumplen el rol masculino y las mujeres los acompañan, con esa aseveración me dejó mas claro que su procedencia debiera ser de los países del Medio Oriente, dado su exacerbado machismo, en todo caso, esa situación me tenía sin cuidado a esa altura de la conversación, dado que había alcanzado un grado tal de intimidad que no dudaría en preguntarle cuando la ocasión se diese. Quebró mi pensamiento, irrumpiendo con una aseveración que daba cuenta de su disconformidad y angustia; la aseveración se perdió dentro de mi memoria, pero lo importante, es que la acompañó de un golpe normal al asiento de adelante, al decir de la velocidad y el esfuerzo empleado, reitero que yo estaba sentado al lado. Pero el asiento voló hacia delante, saliendo en forma endemoniada por el parabrisas, haciendo mil pedazos y perdiéndose de mi vista. Comprenderán que quedé helado, no sabía que hacer, quedé en blanco. El chofer detiene la 354, a la altura de Froilán Roa con Departamental, como enajenado se dirige a increpar al sujeto (yo aún estaba inmóvil), saca para tal efecto, un bate de béisbol escondido bajo su asiento, cuando esta a distancia de golpe, le lanza su mejor swing, fue tan certero que le acierta justo en la sien izquierda... para sorpresa de todos y más silencio mío, el bate se trizó en mil astillas y el canoso ni se inmutó.
El chofer retrocedió y el caballero bajó por la puerta de atrás, sin saber porqué, salté de mi asiento y lo acompañé, en silencio caminamos casi hasta el Mall Plaza Vespucio, antes del sector con luminarias, me estrecha la mano y me dice... mi nombre es Jor El, vengo de Kriptón y mi hijo es Superman. Sólo ahí entendí el porqué de la desolación, extendió su brazo derecho apuntando al cielo y se marchó volando.
Pillín-pillín el hombre araña, siempre sentí que estaba en lo correcto al admirar a Robin, La Pantera Rosa y el Gallo Claudio.





