Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Wednesday, September 28, 2005

Ya van dos días y las imágenes aún galopan con frenesí en mi mente eterna y sacudida por la caña infernal.Son imágenes que merecen permanecer por el tiempo y hasta el fin de mi existencia; imágenes que hablan de héroes que se juntaron para celebrar a uno de sus principales exponentes y, como entonces, como siempre, se portó a la altura de la situación.

El camino se hizo eterno, por oscuros recovecos nos adentramos en una avenida de misterio, sin luz, sólo esperanza y ansiedad. Se abrió la puerta del recinto que nos cobijaría, era la parcela de Andrés “sin pelos” Campos, un personaje de peculiar apariencia que paraliza con su cariño. Nos adentramos en el recinto, éramos los primeros en llegar, yo venía acompañado de personas con las cuales nunca había tenido charlas extensas, sólo compartíamos el mismo cariño por el celebrado…la noche permitiría generar vínculos mucho más profundos y, claramente, cambiar el matiz e intensidad de la amistad. De fondo sonaba, si mal no recuerdo, Camilo Sexto. Desembarcamos por nuestros medios en el golfo verde de la parcela, nos encaminamos al lugar específico en donde el ritual iniciático tendría su epicentro, espléndido escenario, sólo digno de la casta que cabalgaría con valentía y coraje durante toda esa noche inolvidable. Sin miedo y a paso firme nos dirigimos al interior de la cocina en busca del tesoro que el cooler escondía, se encontraba anexado a una esquina; recién al abrirlo nos enteramos de cuan grande se venía la noche. Llenamos las copas y empezamos a celebrar, rápidamente los demás comensales hicieron su arribo, caras que no conocía, pero que emanaban esa intensidad de diversión que unía a todos los presentes. El trago estaba alegre de que nosotros lo ingiriéramos, quizás cuantos lo tomaron y jamás retribuyeron ese cariño, nosotros éramos profesionales y sabíamos como tratarlo, en un abrir y cerrar de ojos el néctar comenzó a circular con frenesí, se multiplicó en los vasos y los vasos se multiplicaron, recorrió con impúdica libertad nuestras gargantas, haciendo variar nuestros decídeles y serenando esa sed demoníaca que de pronto se apoderó de todos.

No sé como se me vino a la mente el concepto de superhéroes, en ese momento fue uno más de tantos conceptos emitidos, la noche encontraría el motivo de mi impulso. Cada vez la vista me retribuía con imágenes de antología el cariño que flotaba en el ambiente, se sentía el cariño, casi se tocaba. Pero pronto comienzo a distinguir, para inquietud mía, que la noche no sólo quiso reunir buenos amigos, sino que esos amigos además poseían poderes ocultos, extraños, potentes. Todos y cada uno de los presentes había sido héroe de su vida y no ha permitido, bajo ningún pretexto, que ésta pase por delante de sus ojos como película, han tomado la dirección de la misma, han sido protagonista de su historia, no son de los que se esconden en la ventana de la inoperancia, mucho menos de los que se justifican en la modorra de la mediocridad; claro que eran héroes, sólo restaba determinar los poderes de todos.

Comienzo a distinguir a algunos que con una habilidad envidiable daban una flexibilidad nunca vista por mí a su rostro, pudiendo en determinadas circunstancia, juntar los ojos con los oídos, la boca con la pera y las cejas con la nuca, era un espectáculo terrorífico, supe de inmediato que su don era desfigurar su rostro para causar espanto, me fascinó ese poder. Luego noté que había otro tipo de superhéroe, ese que te miraba con cara de desinterés, porque básicamente no hacía foco en ti, pero a eso le agregaba un hablar en jerga antigua o quizás una mezcla de jergas, que pronunciadas por una lengua pastosa, daban la forma de una comunicación hipnótica, esos eran los más peligrosos, porque por medio del hablar inconexo se apoderaban de tu alma hipnotizándola. Luego había otro grupo más corporal, en donde los poderes estaban limitados por sus capacidades físicas, algunos de ellos te engañaban fácilmente con un paso inseguro y frágil, pero al acercarse a ti daban saltos infinitos, para caer de espaldas al suelo y volver a pararse, ellos generaban desorden y confusión, ese era su poder. Hubo uno que poseía un poder especial, cayó en trance místico, todos nos acercamos al suelo a verificar su estado, más pronto me percaté que se estaba desdoblando para invadir nuestros cerebros y traspasarnos sus prejuicios censuradores y castradores, al parecer su alma fue a dar una vuelta muy larga, porque nunca volvió del trance. Creo que en estos grupos se aglutinaron todos los héroes de esa noche, además del cariño inmenso que se tenía por el ser que nos unió. Luego de entender que la Liga de la Justicia estaba sesionando en ese lugar, de percatarme de los poderes de cada uno; entendí un concepto quizás mas profundo y que básicamente nos enlazaba a un nivel mas inconciente, al mirar los rostros de los compañeros de andanzas me percaté, de que fácilmente me encontraba en esa mirada, en esa actitud, en ese andar sin miedo, estábamos cortados todos por el mismo molde, éramos reconocibles fácilmente, nuestras conductas, si bien bajo diferentes matices, se estructuraban bajo los mismos principios; la valentía, el coraje, el avanzar antes que retroceder, la simpatía, la risa; y un cariño infinito por el comensal principal. Fue el regalo mas preciado de esa noche, reconocerte partícipe de una casta que no se muere, sino que está más viva que nunca y de la cual somos agentes certificados.


No caía de mi sorpresa, de mi felicidad, cuando veo al principal responsable de esta gesta heroica, como pude me encaminé a confundirme en un abrazo afectuoso, a veces la meditación traba mi capacidad motriz, no sé cuantos más decidieron lo mismo en ese preciso instante y resulto un abrazo gigantesco, memorable, una ruma de amor que sofocó a todos los integrantes, luego el desenfreno, el desorden movido por la felicidad, quizás no exista desorden mas organizado; pero siempre el gran comensal con su vaso empinado al cielo, creo que dando gracias, yo también lo hubiera hecho, y siempre dispuesto a jugar en esa noche lúdica.

Se te agradece zombeca la amistad, en algunas otras la orientación, en lo personal, se agradece el espacio lúdico y sin prejuicio, ese que guía y te hace mejor. Tantas noches que se aglutinaron en ésta que resultó, por lejos, la mejor; no creo que se pudiera hacer un fin de ciclo mejor, cerraste como hombre grande la puerta de tu soltería y, no me cabe la menor duda que iniciarás la de casado como gran hombre. Sólo agradecimientos para esta incursión, sólo palabras de amistad para todos los que llegaron a la reunión y esbozemos sólo sonrisas en el momento del encuentro sabático, porque las palabras sobran...quizás las puse todas.

Agradecimiento especial al hijo de Antonio, que con su corrida Líder del Domingo , me regaló una imagen que pernoctará conmigo por un tiempo indefinido; también, al Señor Christian Lopez, por la bocanada de aire nuevo.



Monday, September 19, 2005

Cuantas veces te he ingerido en exceso y buenos momentos me has brindado, lamentablemente, otros desagradables también. De esos últimos es de los que hablaremos ahora, de esos que terminan en riñas, de esos en los que parezco estropajo o títere movido por tus grados, aún no logro vencerte en ciertos ámbitos, tenía la esperanza de realizarlo, más los daños resultaron letales, destruyen amistades y minan confianzas; y lo peor es que bien destruídas están. Tu néctar me supera, tu deseo se torna morboso y tu ingesta resulta siendo compulsiva, anestesiante, sin recuerdo; quizás cuantos tragos fueron esa vez, quizás cuantos aquella otra, tantas veces he perdido la cuenta, otras tantas la he recuperado, pero sólo para volverla a perder. No tiene sentido lógico tu absorción, sólo el placer de tu sabor, ni siquiera me valgo de la verborrea de que invistes a algunos, porque ya la tengo, nací con ella; ni siquiera me valgo de la valentía que otorgas a cuenta gotas para el acto de seducción, porque nací seductor, de hecho, me lo expropias a cada sorbo, convirtiendome en un mal espectáculo de quinta clase. La poesía en tu húmeda esencia se destruye, maldito asesino, maldito deseo...voy a buscar dos hielos pa'mi trago.

Que tienes que embaucas a la gente con tal impunidad y aprobación, que tienes que a las mismas personas las llevas por senderos oscuros, inundados de soledad, carentes de afecto y a pesar de todo sanadores, agradables, embriagantes. Tantos puños lanzados, tantas risas tiradas al aire y perdidas en la memoria de sombras humanas, por lo menos eso me permitistes entregar, maldito egoísta. No sé a que puerto llegará nuestro compromiso, pero es menester ponerle forma diferente, de lo contrario saldrás herido, porque te abandonaré sin compasión y quedarás sin mi presencia que te hace ser diferente, que te llena de compañía, que, en definitiva, te hace ser mas que un simple líquido cálido y sensual. No estoy dispuesto a perder nuevamente la cabeza por tu presencia, cada vez me cuesta mas recuperarla y se aproxima el día en que no la encuentre de nuevo; no me perderé en tus caricias, no te haré mas el amor...espero.

Esta reseña lleva implícita una disculpa, nunca las doy porque no exijo explicaciones, pero son años compartiendo. Me puse sensible, se acaba la prosa, es hora de descansar...un último trago y espero que nos veamos mañana.

Wednesday, September 14, 2005

Por las mujeres sin culpa, esas que van por la vida sintiendo y viviendo el momento, mirando con disimulo, de reojo y sin disimulo lo que desean. Lo obtienen, lo exprimen y se largan, sin palabras, sin despedidas, sólo recuerdos de buenos momentos. Por esa mirada de fuego que quema las palabras y las vuelve cenizas, de esas que el viento sopla sin esfuerzo, de esas que no tienen peso, de esas que se someten a miradas de fuego. Por ese cuerpo lleno de sexo, mismo que disfrutas sin miedo, con provecho y pasión, como animal, con furia y fuerza; bueno, sólo como debe disfrutarse. Gracias por meterte las palabras de tus padres, las de la sociedad, las de la Iglesia y todas las demás...por el orto; ese acto de valentía te elevó, te hizo mejor y segura, dominas y no eres servil; no te anclaste en pasados censuradores y coercitivos, rompiste las cadenas con potencia y te hiciste mujer, deseada, admirada...si hasta me gusta verte lustrar tus dientes. Todo se vuelve inseguro bajo tu sombra, tus movimientos son certeros y sin duda, me haces sentir frágil y sólo me quedan esos momentos de intimidad, calientes de seguro, pero efímeros y vacíos. No hay a que atenerse, sólo a mi sexo y al tuyo, sólo a la cama y al espejo del techo, sólo a los rones y las papitas para picar, sólo a tu tiritar y mis gemidos, sólo a tu cabeza en mi pecho y a mi brazo rodeándote, sólo a tu premura urgente y mi deseo de volver a verte, sólo a tu deseo de verme y mi regalo, sólo a la complacencia de tu rostro y mi nueva erección...sólo a tu "llámame". Luego el vacío, mi vista en el espacio de mis recuerdos, se pierde en imágenes insulzas, sin sentido, buscando refugio a tu torbellino...no lo encuentran.


Soy el débil...por hoy

Friday, September 09, 2005

No creerán cuando termine de contarles esta anécdota, siempre sucede que historias como esta son contadas en radios de dudosa procedencia, por lo general escondidas en algún dial oculto o simplemente se ven en tv como hechos impresionantes, bueno algo de eso hay acá. Atención, era un día de Sol, no hacía calor, pero era un día con Sol, yo participaba en una liga de futbol y era el capitán de mi serie, lo que no es mucho decir a la luz de los resultados; cuando llegué al recinto deportivo, las dos series anteriores habían sido voleteadas por los rivales de turno, nada del otro mundo. Nos tocaba entrar a la cancha y aún recuerdo las palabras sabias de nuestro coach...cabros traten de que no nos voleteen. Sin lugar a dudas, un sabio del deporte rey. Como sería un día especialmente raro, en particular para mí, todo partió de manera singular, al pitazo inicial, siguió un toque perfecto de un compañero hacia mí, yo con igual maestría devolví el balón a uno con mi misma polera, hasta ese momento (eternos 30 segundos), éramos dominadores absolutos, pero en eso no terminó, con hermosa sorpresa comienzo a percatarme que todo el equipo empieza a devolver las paredes a quien correspondía, los pases son a los de la misma polera y, en actos heroicos, estábamos quitando pelotas en el medio de la cancha, éramos un show. Más las sorpresas estaban recién comenzando, para asombro de todos, en una jugada repleta de lujos, nos acercamos con tal desición al arco rival que le pudimos marcar un gol, perdón...golazo. Todos saltaron a fundirse con nosotros en un abrazo eterno, era el primer gol que marcábamos como serie en el presente torneo (era la 8ª fecha), estábamos rebozantes de alegría, incluso y, si me apuran un poco, diría que hasta al árbitro esbozo una tierna sonrisa ante nuestra proeza. Nos juramentamos mantener la diferencia y aumentarla de ser posible, claramente era un día especial, pero no milagroso, sin darnos cuenta íbamos perdiendo 4/1, del resultado no me acuerdo, pero creo que no fue verguenza...grande.

Se acababa el día y también mis ganas de estar en el recinto deportivo, decidí en un acto poco usual en mí, andar por la ciudad, me mentalicé en tomar alguna micro con rumbo incierto y recorrer Santiago. No lo hice, tomé un micro hacia el Cajón del Maipo, en el recorrido aprecié como el cielo se tornaba gris, el Sol cedió, sin ningún tipo de lucha, a los cariños de las nubes quienes lo taparon con desición, eran nubes negras de esas que avecinan tormenta, más no me importó, tenía ganas de ir al Cajón, el trayecto es extenso, el camino sinuoso y las micros lentas, como señalé, no sería un día normal. Ya pasado las Vizcachas, bien pasado, en uno de esos recovecos que nos ofrece el paisaje por esos lares, decidí bajarme, sin mediar motivos racionales, detuve el micro y decendí; era un sitio que conlindaba con El Maipo y un imponente maciso de roca de la cordillera, sentir esa sensación me devolvía de inmediato a mi niñez, en donde en compañía de algunos rufianes realizábamos fechorías a destajo. En ese sector de lo que más me gustaba era El Volcán y Baños Morales, termas de agua amarilla en donde el agua más helada te dejaba rojo como jaiva, pero la salida del agua...uff, aguante valiente, te congelaba hasta dejarte las huevas como bolitas de cristal. En fin, eran parajes alucinantes, de los cuales me nutría y divertía. El camino era abrupto, de la nada siento como gotas de lluvia recorrren mi cara, maldición, la lluvia se apersonó; como presuponiendo que será una lluvia extensa de inmediato el Río Maipo aumentó su caudal, es una fiera ese río, parte en dos la Cordillera y se pierde en el Oceáno Pacífico en un torrente furioso, me fascinaba mirarlo desde siempre. La lluvia jamás ha sido impedimento para mí, seguí avanzando; abran sido 20 pasos cuando las gotas dan paso a granizos del porte de garbanzos, que con inclemencia azotaban todo lo que estuviera a su paso, rápidamente me pude parapetar en un negocio aislado, sin nombre, sin mercadería, con un viejete de incierta edad que con mirada curiosa asentía mi presencia, calmaron un poco los granizos, pero llovía sin frío, lo que sólo significaba que no pararía hasta que a las nubes les diera hipo, por lo menos, eso me comentó el añoso hombre. Salí a caminar no más, que tanto, es sólo agua y estaba bien equipado; me encaminé rumbo Río Maipo, bajé con experticia las húmedas planicies para acercarme lo que más se pudiera a su torrente, cuando me disponía a tocar su agua, distingo una luz sin nacimiento ni fin, era un rayo, hermoso, fuerte, luminoso, ví como se esforzaba por tratar de llegar al agua del Maipo, zigzaguendo en el aire, eran líneas rectas que se quebraban en noventa grados buscando con desesperación su húmeda guarida, en la retina me quedó su estela por varios segundos, sólo lo interrumpió un ruido infernal que venía acompañándolo mas un movimiento de la tierra me imagino que de la misma procedencia, fue impresionante, claramente sería un día especial. Los granizos no amainaron, la lluvia tampoco, menos lo haría yo, seguí caminando en busca de no sé que, comenzé a mirar el cielo tratando de adivinar cuando vendría otro rayo para poder verlo en toda su dimensión, en eso me percató, para total placer mío, que estaba cerca de la Garra del Diablo, lugar conocido en San José, por su historia de miedo e importancia. Dice la leyenda, que cuando al Diablo lo expulsaron del Cielo, en su lucha por la desición injusta, trató de aferrarse a lo que fuera para no caer en las tinieblas, en esa lucha descarnada, sus garras se prensaron en una ladera de la cordillera dejando su impronta marcada para siempre, él no pudo con la lucha y cayó al Haberno...su residencia actual. Bueno yo estaba a metros de esa historia fascinante, que mi abuelo, me contó en mi primera pubertad casi infantil, obviamente me dirgí a contemplar el espectáculo, sin dejar de ver al cielo por si ofrecía otro show pirotécnico, las tapas. Me acercaba con premura, cuando siento un escalofrío a mis espaldas, sólo ví la luz y que una fuerza descomunal me lanzó contra la ladera de concreto y roca, no recuerdo más hasta que despierto entre las manos del viejo de extraña mirada.

Como señalé en un comienzo, esta historia es extraña y aquí viene lo más extraño de todo, al reintegrarme paulatinamente veo con asombro como el veterano inmortal, me mira con extrañeza suprema y veo, para horror mío, como mi cuerpo había sufrido cambios producto del impacto del rayo, muté. Me salió un seno en medio de mis dos tetillas y mi pene tomó un grosor dañino, estaba atónito, incrédulo, también fascinado...mezcla rara no. Traté de levantarme, pero no pudé, el ancestro del tiempo (viejo), me señaló que podría ser por que mis espaldas tenían una suerte de...alas que modificaron mi carroza. Miré al cielo, pidiendo alguna explicación y me percaté que había ido a parar bajó la Garra del Diablo, entendí de inmediato que el cachudo metió la cola por acá. La lluvia no daba tregua, los granizos sí. Estaba en estado de shock, no sabía que hacer, me levanté con esfuerzo titánico, el peso de las alas...no les cuento. Me pusé frente a la garra del Diablo y la escupí, iba a echarle un par de chuchadas cuando siento que el seno desaparece, rápidamente entendí que había que escupir a la Garra, y así lo hice hasta que mis mutaciones desaparecieron suavemente, eso sí debo reconocer que las alas me dejaron seco de tanto escupo lanzado, pero estaba entero y normal. El anciano miraba con extraña devoción mis actos, pero me tenía que largar, justo a lo lejos veo que viene la micro, tengo que partir rápido o se me pasará, salgo corriendo sin darle las gracias al veterano, filo; alcanzó a tomar la micro, venía bajando así que de todas formas vería al vejete y podría despedirme, cuando pasó por su lado le pegó un grito de adiós, no me responde, sólo veo como lanza sin parar escupos a la Garra del Diablo.

No se mezclan días de lluvia, derrotas abultadas, nubes negras y viejos de curiosa mirada.

Thursday, September 08, 2005

Cuando supe que en nuestros besos cabía todo el amor del mundo, entendí porque me gustaba tanto besarte, de improviso, con aviso, sin motivo y con razón. Sentir esos labios de azucena y carne fresca, rozando los míos, apretando los míos, son recuerdos hermosos; que me hicieron percatarme de que lo más vivo de la cara es la boca y lo mas vivo de la boca son los labios; esos labios presurosos que luego de dos besos no tenían prisa alguna. Más no era todo lo hermoso de esos labios, a veces y sin mediar provocación, comenzaban a transmitir un susurro que paulatinamente me envolvía y me llevaba a estancias paradisíacas, sensuales y cargadas de pasión; a veces me parecía, que si pudiera poner un termómetro a la temperatura de esos susurros, confirmaría que aumentaba con cada palabra obscena y erótica, en realidad con cualquier palabra. La ubicación de tus labios siempre precisa, certera, sensual, rodeando con arte el cuello para clamar detrás de la oreja cualquier sin sentido que te permitiera hacer presente ese hálito de pasión, que claramente se sentía y se entendía. Sí, en nuestros besos cabía todo el amor del mundo, por eso puede ser, que cuando nos besábamos el tiempo se paralizaba, la gente se detenía, el viento no soplaba y El Sol o La Luna, dependiendo de la hora, nos daban la espalda, pobres envidiosos, por eso estan tan solos. Quizás sentían el amor que emanaba de nosotros, quizás sabían que se terminaría y era necesario verlo para anclarlo en la memoria del universo...quien sabe.

Después de tus besos, quedaba el hambre de más y luego, a los besos, se le agregaban caricias, algunas eran al comienzo ezquizofrénicas, pero luego adquirían la cadencia del lenguaje de la intimidad, lenguaje que se escribe de a dos; de las caricias apropiadas en los lugares correspondientes, nos saltábamos sin mediar acción, a la pasión incontrolable, ese que viene con gemidos, esa que causa placer, esa en que nos volvemos animales y remontamos a nuestros comienzos como especie, esa que, en definitiva, nos permitió convertirnos en uno siendo dos. Y de esa mezcla de pasión, amor y sexo; luego de un buen rato quedabamos extasiados, desnudos en la cama o el living o el baño o la cocina o el techo, etc. Rozándonos, con pequeños estertores productos de la acción cometida, tiritando, con el aire cortado y mirándonos, como jóvenes sin responsabilidad, a veces como niños en complicidad, pero siempre como amantes furtivos. Luego tu mano envolvía la mía, me movías sin esfuerzo a tu plexo, al cual rodeaba con amor compulsivo con mis manos de protección y al instante, estabas reposando en mi pecho y mi mano acariciaba tu pelo.

Y todo por culpa de esos besos en donde cabía todo el amor del mundo