Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

My Photo
Name:
Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Thursday, September 08, 2005

Cuando supe que en nuestros besos cabía todo el amor del mundo, entendí porque me gustaba tanto besarte, de improviso, con aviso, sin motivo y con razón. Sentir esos labios de azucena y carne fresca, rozando los míos, apretando los míos, son recuerdos hermosos; que me hicieron percatarme de que lo más vivo de la cara es la boca y lo mas vivo de la boca son los labios; esos labios presurosos que luego de dos besos no tenían prisa alguna. Más no era todo lo hermoso de esos labios, a veces y sin mediar provocación, comenzaban a transmitir un susurro que paulatinamente me envolvía y me llevaba a estancias paradisíacas, sensuales y cargadas de pasión; a veces me parecía, que si pudiera poner un termómetro a la temperatura de esos susurros, confirmaría que aumentaba con cada palabra obscena y erótica, en realidad con cualquier palabra. La ubicación de tus labios siempre precisa, certera, sensual, rodeando con arte el cuello para clamar detrás de la oreja cualquier sin sentido que te permitiera hacer presente ese hálito de pasión, que claramente se sentía y se entendía. Sí, en nuestros besos cabía todo el amor del mundo, por eso puede ser, que cuando nos besábamos el tiempo se paralizaba, la gente se detenía, el viento no soplaba y El Sol o La Luna, dependiendo de la hora, nos daban la espalda, pobres envidiosos, por eso estan tan solos. Quizás sentían el amor que emanaba de nosotros, quizás sabían que se terminaría y era necesario verlo para anclarlo en la memoria del universo...quien sabe.

Después de tus besos, quedaba el hambre de más y luego, a los besos, se le agregaban caricias, algunas eran al comienzo ezquizofrénicas, pero luego adquirían la cadencia del lenguaje de la intimidad, lenguaje que se escribe de a dos; de las caricias apropiadas en los lugares correspondientes, nos saltábamos sin mediar acción, a la pasión incontrolable, ese que viene con gemidos, esa que causa placer, esa en que nos volvemos animales y remontamos a nuestros comienzos como especie, esa que, en definitiva, nos permitió convertirnos en uno siendo dos. Y de esa mezcla de pasión, amor y sexo; luego de un buen rato quedabamos extasiados, desnudos en la cama o el living o el baño o la cocina o el techo, etc. Rozándonos, con pequeños estertores productos de la acción cometida, tiritando, con el aire cortado y mirándonos, como jóvenes sin responsabilidad, a veces como niños en complicidad, pero siempre como amantes furtivos. Luego tu mano envolvía la mía, me movías sin esfuerzo a tu plexo, al cual rodeaba con amor compulsivo con mis manos de protección y al instante, estabas reposando en mi pecho y mi mano acariciaba tu pelo.

Y todo por culpa de esos besos en donde cabía todo el amor del mundo