Siempre fuí un niño indomable, aparentaba tranquilidad, más mi mente febril recorría espacios infinitos, escenarios fascinantes, que a mi pasó se rendían con devoción. Con el correr de los años el espíritu inquieto no amainó, por el contrario, se acentúo acompañándolo de acciones que antes estaban en ciernes, sólo esperando ser despertadas.No obstante, el ímpetu a veces sufre reveses o nuevas formas de plantearse, generándome vacíos que duelen; porque los reveses vienen de terceros que sin querer se atravesaron, en una noche de furia, de alcohol o de faldas, con mi ímpetu candente y fueron víctimas inocentes de la vorágine de mi labia o la contundencia de mis acciones, sintiendo dolor, desagrado y rabia. Hace tiempo tome como lema el jamás pedir explicaciones, porque yo no doy excusas, quizás sea tiempo de replantearse la norma, no porque el lema sea malo o equivocado, sino porque hay gente que merece una y mil disculpas. Porque esas personas están rodeadas de auras que me sobrecogen, están bañadas de amor, son ojos que tienen un brillo que ilumina y encandila todo a su paso y es imposible ser indiferente, personas embriagadas por el cariño de un otro con quien juran compartir por siempre la vida y ante tamaño espectáculo de belleza y amor, sólo me queda bajar los brazos y neutralizar el fuego interno... porque su llama jamás dejará de quemar
El amor es la respuesta, el corazón no miente, no porque no pueda sino porque no sabe, cierren los ojos antes de cualquier desición importante y él les dirá que hacer, siéntanlo. Se agradece el aprendizaje, se agradece el cariño, se agradece la oportunidad de comenzar de nuevo, porque siempre mañana será otro día. Me gustaría que mi fuego los quemará algún día, para que me acompañaran en el viaje de conocer nuevos horizontes, realizar fantasías restringidas a los sueños, sé que algún día lo haremos, no sólo por que quiero sino porque debo.
Mi vacío termina en sus risas, no me la nieguen.


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