Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Monday, March 27, 2006

Y desde ese momento su álito fue podredumbre, le gritó a los cuatro vientos que lo castigasen y no sólo los vientos le respondieron; le quitaron, además, la visión, el oído y el movimiento.
Esa mañana gris, no sabía lo que pasaría, sólo se levantó, hipnotizado por el despertador que aullaba con descaro, el frío helaba la sangre y ponía la piel de gallina, a su lado yacía su mujer, antes hermosa, ahora sólo su mujer. Los unía el amor por su hijo y la comunión de pagar el alquiler, ambos se engañaban, pero era concensuado. El frío invernal congeló las cañerías, el agua estaba hirientemente helada, alcanzó a estar un par de segundos y las sienes le impidieron seguir bañándose, se reventaban del hielo. Como pudo tomó la toalla que colgaba de la perilla azul, que estaba en la muralla contraria de la puerta del baño, esa de color verde agua; se secó lentamente, sus músculos comenzaron a responder, los pies estaban azules, su pene pequeño; se miró en el espejo que estaba en la pared blanco invierno, al costado de la puerta y frente a la verde agua, contempló su rostro, ajeado por los años, sin tener arrugas sus ojos estaban muertos y, entendió, que la vida lo había abandonado.
Se afeitó magullando la idea del vacío, al tercer corte, se percató que ni su sangre estaba viva; en ese momento, creyó que todos padecían de esta abulimia, de este estado de inconsistencia y pensó en matarlos, no había sentido en continuar con la agonía. Simultáneo al hecho de pensar en tener el poder de quitar la vida, la sangre se calentó, sintió el dolor de los cortes, su miembro creció y el calor se apoderó de su cuerpo, que ironía pensó, la muerte me vuelve a la vida. Creyó ciegamente, que la muerte lo conectaba de alguna forma a la vida y quiso vivir; se dirigió a paso seguro al dormitorio en donde dormía su mujer, estaba de cúbito dorsal recostada sobre la cama, apenas tapada por la colcha ocre; de un movimiento certero la posicionó de boca, le abrió las piernas y con su sexo lleno de vida la dinamitó por su recto, en fracciones de segundo ella gritaba, el continuaba, nunca se había sentido tan poderoso, tan vivo. En la quinta arremetida, le mordió el cuello y comenzó a comérselo, la sangre inundó la cama y le gritaba lo vivo que estaba, al cabo de unos segundos la cabeza era separada del cuerpo, la mujer estaba muerta y él mas vivo que nunca. Acabó con furia en la cabeza cercenada de su mujer. Se levantó y se dirigió al baño, miro al espejo y reconoció al niño que peleó hasta dejar inconciente a su compañero, vió al adolescente que abusó de esa mujer ebria en aquella fiesta permisiva, al hombre que se tatuó con un cuchillo, en la cárcel, ese corazón asimétrico del antebrazo; entendió que esos momentos le daban vida, entendió que la maldad lo alimentaba de energía y vigor; comprendió que su vida significaba muerte. Fue por su última fechoría, salió del departamento, caminó cuatro pasos, golpeó la puerta del vecino, abrió el vecino, se abalanzó sobre él sacándole la nariz de un mordisco, le enterró los dedos en los ojos y miró como se desangraba, cuando acabó el espectáculo, corrió a la ventana y se lanzó....en su caída pidió los males al principio señalados, se los dieron.

Hijo de un carpintero, nacido por gracia divina. La primera aseveración es fascista y la segunda milagrosa, me gusta mas la segunda.
Hoy en día ser hijo de carpintero, claramente, tiene una connotación de pobreza, es ser hijo del zapatero remendón, oficio exiliado por la modernidad a un tercero plano y a un tercer mundo. Pero en esa época, época ajena a la vorágine de la producción en cadena, ajena a su consecuencia mas nefasta, el consumismo, era estar en el pináculo de la sociedad, era no sólo ser profesional, sino que además con algún postítulo y laburando en alguna exitosa empresa si es que no poseías la propia. El fue hijo de la clase acomodada, él no padeció hambre, basta de benerarlo como humilde, porque no lo fue. Sus logros pasan por otras vertientes, entender que el dinero no es la felicidad, el anteponer al otro antes que a uno, amar por sobre todas las cosas a la vida, respetándola, ser un líder político que logró identificarse con las clases populosas, ya que no era uno de ellos. El fue un hombre educado, leía las Escrituras, LEIA, acción restringida a ciertas capas sociales, él se apiadó de los humildes, esos que morían de hambre, esos que eran abusados, esos que eran subclase humana (y pensar que han transcurrido 2000 años y nada ha cambiado); y los ayudó, iluminádamente para algunos, sensiblemente para otros; los primeros creen que fue una revelación; los segundos, sólo que fue una necesidad humana que grito en su interior basta. Como sea, su peregrinaje fue contundente, sin vacilación, pleno de voluntad y pasión; hoy quizás el hijo del carpintero hubiera estudiado en el SSCC de Manquehue, se hubiera ido a vivir a La Pintana, con posterioridad a sus estudios en Yale, hubiera inventado la cura para el SIDA y la Gripe Aviar, pero hubiera terminado sus días muerto por una sociedad compuesta por Luksic, Angellinni, Piñera y Cardoen, porque atentaba contra todo lo que ellos habían construído y, por ende, era lo conveniente para el país. El amor enseña martirizando, con dolor y el dolor que causa el amor es el que construye con fuego en la memoria y no se borra. El hijo del carpintero puede descansar en paz, hizo tremendo trabajo, lamentablemente, algunos círculos de poder usufructuaron de esa obra y se enriquecieron con su doctrina; se enarbolaron como regentes de la fe y únicos llamados a interpretar nuestra voluntad de trascendencia y de realizar el bien; sinverguenzas, si ya Aristóteles lo señaló, el fin de toda acción humana es la felicidad y la felicidad cuando mejor se realiza es en el bien común. Que se creen, nos hicieron temer del amor, con el fin de perpetuarnos bajo su tutela, fueron tan soberbios que mataron a los que no pensaban igual, fueron tan pedantes que regalaron, bajo cierto monto de dinero, el perdón de las acciones en esta Tierra para acceder a la otra puros, malhabidamente se enriquecieron y denoctaron al género femenino; cuando fue a una mujer a la primera que buscó el hijo del carpintero luego de haber sido muerto. Porque la busco?, que quiso decir?, que no debemos saber?. Cuantos pecados se ocultan bajo la Capilla, ojalá que la cruz sea lo suficientemente amplia para que con su sombra perdone todo esa verguenza.
En lo personal, yo creo en el hombre, en su bondad y en su capacidad de hacer el bien. Sé, también, que en la lógica universal, debe existir algo más, quizás otra vida, quizás esta misma bajo otros roles, o tal vez, algo mas allá de mi razón; pero sería una ilógica universal el dar este espacio finito, temporal y espacialmente, para la realización de nuestro potencial y la entrega de nuestro amor. Tengan fe, crean en el amor del hombre, que cada mirada sea un refugio, que cada palabra cubra y de aliento, que cada olor nos brinde la frescura de la esperanza, para así, paso a paso, ganarnos el respeto como persona y ser íntegros elementos de la especie humana.
De la segunda aseveración, tengo más convicción, ya que los milagros existen....incluso algunos caminan y escriben.
Jajaja

Friday, March 10, 2006

Entro a la casa y el perro comienza a hacerle el amor a mi canilla, lamentable suceso, más si se tiene en cuenta que era la primera visita a la casa de mis suegros, más si se tiene en cuenta que el perro era el regalón de la casa, más si se tiene encuenta que era de propiedad de la mujer que me brindaba su cariño. Al cabo de unos segundos el vaivén del insecto comenzó a agradarme, ese calorcito, ese extraño jadeo que rozaba mis tímpanos, quizás era el ver como toda la familia estaba alegre con el espectáculo que brindábamos; la cordura primó, la dueña del can lo sacó de mi canilla, mi pierna se enfrío, las caras de alegría se esfumaron y caímos en la rutinaria conversación de presentación. Bla-bla-blabla-bla-bla-bla-bla-bla-bla...o algo así.
De pronto el perro entra en escena nuevamente, pero traía mas bríos que la vez anterior, al parecer no quedó para nada satisfecho con su acción, menos con la de su dueña; se lanzó en picada contra mí...a veces pienso que si hubiera caído en mi cara, a mi cara le hace sexo. Pero bueno, se detuvo en mi pierna y comenzó con su rutina, claro que ahora también yo estaba sediento de sexo, dado que los padres de mi dama estaban encerrados en su pieza y yo estaba con ella en la suya. Quizás fue pervertido, algo no normal, ajeno a la razón, pero en fin, las cosas pasan y hay que estar atento. Mientras le tocaba los senos a mi dama, el perro tenía sexo con mi pierna, estábamos en oscuridad absoluta, prontamente ella se despojó de sus prendas, yo de las mías, el perro andaba desnudo. Le hundí mi cabeza en su sexo húmedo, con la maestría que dan los años, la lubriqué hasta el pánico, además de introducirle dos dedos en su aún apretada vagina. El perro estaba expeliendo un olor intenso, claramente estaba exitado, sentía su crecidito amor en mi pierna, ya no toleré más, le pegué una patada estrepitosa, más no sentí ningún sonido, obviamente no me importó, en vista de la escena que se planteaba debía ir por mi preservativo...lamentablemente uso preservativo, y digo lamentablemente, puesto que al ir en busca del que siempre llevó en mi billetera, dejé a mi dama tendida en la cama, con las piernas abiertas y clamando dureza. Lo busco, lo encuentro, pero en ese instante, comienzo a escuchar como ella sigue con la intensidad de sus exclamaciones, susurra cosas como, dale, no pares, sigue, ahí papito, etc.
No fuí yo, fue el perro, maldito, tuvo sexo dos veces esa noche y yo apenas medio encuentro. Los canes, de verdad son el mejor amigo del hombre.

Wednesday, March 08, 2006

El otro día pensaba de que protege el paraguas....de la lluvia, obviamente, del Sol en ocasiones. Pensé luego que elemento mas circunscrito, con tan pocas utilidades, quizás y algún niño lo ocupé de espada, para jugar con otro que también tiene un paraguas. Me dije, es necesario crearle mas utilidades, tiene que tener algo mas de plusvalía, a la larga es tan necesario y me parece que debe estar presente en todos los hogares, estaba en ese ejercicio mental, cuando me dí cuenta que quizás no nos protege, sino que nos limita, nos coarta.
Si, eso debe ser, el paraguas impide que nuestros pensamientos fluyan libremente en la estratósfera, nos impide bañarnos con la agua de lluvia, que limpia y oxigena, o no es verdad que cuando nos mojamos en la lluvia sentimos cierto bienestar que quisiéramos que siempre se repitiera, más si es en compañía de alguien especial o espacial. Un día pensé que podría volar, al no tener alas, el instrumento que mas me atrajó fue el paraguas; no hay nada mas liberador que imaginarse volar, pasear por sobre todos, libre, flotar, desaparecer en cierto sentido...pensé que con el paraguas lo podría lograr, la educación formal y un incipiente sobrepeso me lo impidieron.
El agua no hiere, sólo moja. Los pensamientos siempre fluyen, sólo depende de la voluntad el cuan lejos lleguen. Siempre es posible volar, sólo basta imaginación. Los árboles rosas siempre me han intrigado y, posiblemente, siempre existan paraguas de infinitos colores y múltiples propósitos.

Mirando el oscuro reflejo de mi lámpara de mesa, en el piso que le sirve de cimiento, me doy cuenta de que la soledad me consume, lenta...pero efectivamente. El mundo cambia a un ritmo que yo no tolero, las cosas se mueven a distintas velocidades, a veces los días son eternos, otros tantos pasan en un abrir y cerrar de ojos...debo ser yo. En soledad todo es lento, cosa que tiene de bueno el poder analizar las cuestiones con cierta parsimonia, más las cuestiones no ameritan tal análisis, en la mayoría de los casos. La soledad nubla, aisla, aleja, hace dudar de tus capacidades, te mueve internamente, te deja triste, vacío.....sólo así uno se da cuenta de que es un ser social, que no sólo tiene, sino que debe estar con gente, rodearse de todos y mirar a los ojos buscando compañía, sin mendigarla, pero buscándola intensamente. En realidad, la soledad en mí no es un estado, sino un período, acotado, muchas veces originado en situaciones críticas, pero siempre circunscrito a un lapsus de tiempo definido....quizás y el período esté llegando a su fin.
Quizás ya es tiempo de levantarme, volver a caminar erguido, levantando el mentón y mostrando mi rostro, ver como se refleja en el de los demás, sentir como mis palabras producen ese efecto sonoro en las mandíbulas de los demás, que suele ser contagioso; pero ahí surge la duda, con quién rodearme, que busco en las relaciones, amistad, cariño...toda empresa tiene su fin. Aristóteles decía que el fin de las acciones humanas es la felicidad, me parece sensato, más no completo; es felicidad la que siente un adicto cuando se inyecta...pienso que sí, es felicidad cuando te devuelven una mirada coqueta...también pienso que sí, es felicidad cuando tu hijo te dice por primera vez papá...definitivamente. Entonces, como delimitar la felicidad. Quizás el punto esté mal enfocado y no hay que pensar en el fin de la acción, sino sólo en la acción. Eso es lo que hecho, quizás es un camino intermedio pero probablemente, algún día llegaré a buen puerto...o puerto solamente.
Por ahora, me parece oportuno dejar un párrafo de uno de mis autores predilectos, que les guste....
" Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. "
Cuando el tiempo es relativo, todo dura un sentimiento.