Desilusión
Desde que la vi entrar, mis vísceras se dieron un festín ardiente. Luego de diez minutos y dos bourbon matutinos, la encaré sin titubear, como nunca había realizado. Estando frente a ella, le lancé mi sentir:
- Lo mío es carne, de esa que se masca y sangra. También es sexo, de ese que suda y gime.
Se paró abruptamente de la mesa, en dos oportunidades se volvió antes de desaparecer por la puerta del local, su mirada era de perturbación. Fue la primera y última vez que la vi.
Desde que la vi entrar, mis vísceras se dieron un festín ardiente. Luego de diez minutos y dos bourbon matutinos, la encaré sin titubear, como nunca había realizado. Estando frente a ella, le lancé mi sentir:
- Lo mío es carne, de esa que se masca y sangra. También es sexo, de ese que suda y gime.
Se paró abruptamente de la mesa, en dos oportunidades se volvió antes de desaparecer por la puerta del local, su mirada era de perturbación. Fue la primera y última vez que la vi.


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