Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Monday, May 14, 2007



Razón

Cuantas justificaciones esgrimí, todas síntomas sin sustento de una enfermedad letal...mi inoperancia, mi falta de voluntad, mi anorexia de esfuerzo, ni su amor logró devolverme a la vida, al ruedo de las emociones y las metas, al logro de objetivos, preferí, en silencio, morir lentamente. La decisión ya la había tomado, quería transitar estos últimos suspiros en quietud y disfrutando de mi egoísmo púrpura, que nadie estuviera junto a mí, mucho menos que alguien, por enésima vez, reprochara mi actitud lastimera a sus ojos de buitre, no quería más reprimendas por mi forma o modo de vivir. Lo logré, accedí a un despoblado incrustado en una montaña al sur, muy al sur, la vida transitaba como siempre había querido, sin presiones, sólo despertar y respirar el aire nuestro de cada día, mi única preocupación era ordeñar unas vacas para sacarles leche y poder beberla, luego peregrinaba por esos senderos energizantes...cuando articulé esa palabra y la visualicé en mi mente, entendí que ese paraje inhóspito y elegido para mi muerte, me estaba provocando justamente el efecto contrario, veía, con pánico, como deseaba disfrutar del día apenas amanecía, acompañado por el Sol que derramaba amablemente su calor por mi cuerpo, sin violencia ni siendo irruptivo, las palabras pronunciadas por los tantos vecinos sonaban como melodía, hasta el caminar cobró un sentido perdido en alguna esquina remota de mi pasado, volvía a ser un agrado terrenal el dar pasos por el mundo. Entendí con cierta inquietud, que al asumir mi muerte como remedio, comencé a vivir, el sinsabor de esa decisión final trajo consigo una última maniobra oculta del destino o de quien se adjudiqué el derecho de decidir nuestra vida, jugada que al fin resultó maestra, sin darme cuenta, nuevamente volvía a abrazar la vida, su color y música, me volví a enamorar de las miradas y los olores, de esas curvas peligrosas que ciertas mujeres ostentan sin vergüenza, de las risas llanas y espontáneas que habían dejado de inundar mi vida...de los niños, sí de los niños, esos diminutos que pululan aprendiendo y enseñando, aprenden para perder lo mejor que tienen, su pureza y transparencia. Así, todo resultaba significativo nuevamente, nada era por azar y a todo le encontraba una justificación, que por vana o profunda sonaba plausible. También entendí que debía tomar una decisión pronta, decisión intensa y profunda, pensé en caminar con fiereza, pensé en gritar guturalmente, pensé en desangrarme de amor, para terminar realizando lo que solapadamente sabía, que debía volver, comenzaba a creer nuevamente, la esperanza se asociaba a la confianza y me daban un espaldarazo que antes no sentía, quizás y mis pasos estén bajo buena custodia y desde hoy comiencen a marchar firmemente.

Al llegar la descubrí, un milagro, una ventisca de sabiduría la flameaba, un bastión de amor la apoyaba, una mirada de paz la inundaba, un ser que amarraba toda mi esperanza y a quien no pude dejar de amar, desde ese momento ella fue mi razón de vida, mi fin en la tierra.