Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Saturday, September 23, 2006

Reponiendo las últimas bebidas colas que me quedaban por dejar instaladas, la vi, caminaba entre el pasillo de las conservas y el de los tallarines. Tenía piernas musculosas, mas que el promedio, una cintura escasa y una piel bronceada, que a mi entender, daba cuenta de unas buenas horas en algún Solarium, se movía como danzando al compás de algún ritmo candente, nadie quedaba indiferente a su andar de medusa hechicera. Justamente, en el pasillo de los tallarines tenía que reponer algunas cosas, así que fui de inmediato dejando de lado lo que reponía en ese momento, me la topé de frente, con dificultad logré sacar la mirada de su cuerpo y, en un arranque de valentía de quien sabe que lugar, la enfrenté y le hablé, lamentablemente, sólo esgrimí un balbuceó indefinible, intelequible, inentendible, recibí su mirada de desprecio en recompensa. Al pronto, me dio la espalda y continuó su caminar, el castigo no fue tanto, dado que la contratapa de su cuerpo era tanto o más vigorosa y fuerte que su delantera.

Quedé abatido por el inconveniente, pero luego entendí, que la vida me quiso ubicar en mi real dimensión, un remedo de Don Juan, un inconveniente para la belleza, transición inconclusa de homo sapiens; así que proseguí poniendo los artículos en sus respectivas despensas, me tocaba ubicar el papel higiénico, cosa que me causa placer, porque siempre lo ubico con José, otro gaznápiro reponedor, con quien aprovechamos la instancia y jugamos algo de fútbol americano con los paquetes de 16 rollos, los mejores, por resistencia y volumen, para nuestros fines deportivos. Salí a buscarlo, pero no lo encontré dentro de las dependencias, así que fui atrás, a las bodegas, estoy en eso cuando veo que el maldito tiene desnuda a la mujer a la cual yo le había dirigido mi balbuceo, y succionaba con frenesí desquiciado sus pezones inmensos, simultáneamente, ella lo masturbaba con vigor. Quedé perplejo, no alcancé a salir de mí, cuando veo cómo el maldito ladrón de mujeres, gira a la hembra de piernas musculosas en su eje, con su mano derecha la abre de piernas y le introduce hasta el horizonte su sexo de hierro, ella apretó con fuerza los paquetes de carne molida que se encontraban frente a ella, listas para ser repuesta en sus despensas, hizo un mohín con su mandíbula que ahogó un estrepitoso aullido gutural, de placer y dolor, al pronto, la penetró de manera maníaca, sin concesiones, sin tregua ni espacio. Sin darme cuenta había desabrochado mi bragueta y estaba con mi miembro en la mano, apartado de todo sentido de realidad, me encaminé, casi flotando, cada vez mas cerca de ellos; ella seguía absorta en su placer, ahogando, a cada vez más duras penas, su aullido gutural, él parecía gozar con este objeto que le otorgaba placer desmedido; en un momento de descuido, quedé al descubierto, él me ve y ríe, ella me ve y lanza su aullido de placer. José, en su generosidad celestial, me invita a poseer a la dama, ella, subyugada por el grosor de mi sexo, no se queja.


Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, solo dolor mamo en los
roñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre;
sin embargo, mis cantares absurdos, inéditos, modestísimos suman
el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante;
soy un pais hecho poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determi
nismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduria
monumental surje pariendo axiomas desde lo infinito, y su
elocuencia errante, fabulosa y terrible crea mundos e inventa universos
continuamente; afirmo o niego, y mi pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical
de la rutina.
Pablo de Rokha



Sabes Ceci, a veces pienso que ni mi pensar te alcanza, pero cuando dejas esos destellos de pertenencia, me dejas descolocado, pienso, simultáneamente, que nos pertenecemos, y que el destino, siempre maléfico, a puesto, una vez mas, un detalle, un obstáculo en mi vida. Sé que ya nada es lo que era, pero sé también, que todo puede volver a ser lo que fue, quizás mi falta de coraje, quizás mi falta de templanza, quizás mi exceso de confianza, quizás mi exceso de pasión. Quizás y todo juega en contra, quizás y todo a favor, no sé. Sólo quiero que sepas, que me siento cómodo contigo, sólo quiero que sepas que me siento alegre contigo, sólo quiero que sepas...que soy contigo.

Tuesday, September 19, 2006

Cómo el día había empezado mal y continuó mal por el resto de la jornada, no fue de extrañarle a Gastón Churliza, que al volver de su trabajo en una multitienda nacional, encontrara un sobre, fechado hace un mes desde Perú, en donde se enteraba del fallecimiento de su padre. Nunca tuvo una relación enraizada con su progenitor, quizás y fueron meros convivientes en esa casona colonial del barrio de Miraflores, pero un padre nunca deja de ser un padre, ni un hijo deja de serlo tampoco. La carta la escribió Asunción del Socorro, la empleada doméstica de su casa, con quien perdió la virginidad a los 15 años y por quien guardaba el mas sincero y profundo de los amores.

Se recostó en su cama atlántica, perdió unos momentos la mirada en su interior convulsionado, buscando algo que el tiempo no logró encontrar, al cabo de algunas horas aparece Gonzalo Yrarrázabal, su pareja desde hace 7 años, misma que lo trajo desde la región del Rimac a vivir a estas tierras generosas; con sólo mirarlo supo que algo no andaba bien, sólo lo abrazó, susurrándole al oído, hoy no fue un buen día, apóyate en mi hombro. Gastón lloró unas lágrimas, nunca comprendió de qué, pero esas gotas surcaron sus mejillas morenas y se perdieron en la colcha de su cama, llevándose lo último del recuerdo de su progenitor. Esa noche no durmió, su alma clamaba por saciar su angustia y el costo fue su insomnio. La noche se pobló de recuerdos de infancia, de recuerdos de su Asunción del Socorro, de cómo no aguantó esa noche de primavera y se metió en su cama para dejarse dominar por su pequeño varón; Gastón nunca había visto a una mujer desnuda y el cuerpo de indígena real de su empleada fue una fascinación eterna, que hasta el día de hoy se hace presente, morena de piel, curvilínea y voluptuosa, de una sonrisa que petrifica y una voz que hipnotiza. Además se recordó, dentro de lo que podía recordar, de su madre difunta a sus cinco años de existencia, siempre la recordó cómo una foto que iluminaba espacios desolados, cuando algo no andaba bien aparecía la imagen de su madre y lo calmaba todo, pero sólo era una imagen, sin sonido, incorpórea, sólo una foto de color ocre. Recordó también a su amigo Teófilo, mayordomo de la casa de su tío Candelario, quien fue el primer hombre con quien intimó y descubrió su identidad sexual, era un moreno espigado, de músculos definidos y tonificados, después de algún tiempo dejó la casa de su tío y viajó a París, recibió un par de cartas desde allá, pero sólo un par, el tiempo borró el recuerdo y el amor.

Quizás y en ese momento de la noche Gastón estaba frágil, perdido en su dolor, quizás tan desolado que Gonzalo lo sintió, lo miró a los ojos y lo besó con amor de madre, de esa que él sólo había visto en foto, se confortó de una manera impresionante y le contó, al fin, que le pasaba; Gonzalo lo escuchó con atención y al termino del relato le dio un nuevo beso, pero este estaba impregnado de amor eterno, de ese que comparten las personas que se dedican la vida, hasta el final de sus días. Se miraron bajo la luz del amanecer, que es muy semejante, en algunos momentos, a la luz del perdón, de la redención y vieron como el Sol se apoderaba de la ciudad, dando inicio a un nuevo día. Prosiguieron abrazados por un buen rato mas, hasta que el despertador les dio la señal de que debían accionar para comenzar la faena diaria. Gastón fue el primero en entrar al baño, se dio una ducha reponedora, salió y entró Gonzalo, realizó el mismo ritual.

Gastón sacó su mejor terno, el mas fino y hermoso y se lo entalló, le caía a la perfección. Gonzalo, sacó su uniforme militar y se lo puso, era teniente de alguna División, lustró sus zapatos y se presentó ante Gastón. Se besaron y partieron raudos a ganarle al día, antes que este los volviera a consumir.

Monday, September 04, 2006


Queja perpetua, siempre siendo títere de fuerzas imperceptibles, supraterrenales, superiores, definitivamente, a esta decadencia humana. Cuando por fin estaba acostumbrándome a esta constante de dolor, a este vacío, ahora tolerable, me encuentro de bruces frente a ti, casi flotando, casi estelarmente, como un destello enceguecedor, como la luz que te absorbe y te guía en paz, tu pelo tan liso como la llanura, tan suave como el beso de un niño, tan hermoso como lo mas hermoso, así de repente, mientras hablaba te deslizaste por atrás, corte mi soliloquio enmarañado y me abstraje de todo, para focalizarme en ti, no hubo mas vida que la tuya en el mundo en ese momento eterno y encantador.

Siempre se ha dicho que cuando se cierra la puerta en algún lugar se abre una ventana, yo no quería ventanas, había internalizado el final del camino y estaba en paz en esta situación disociada, autista, decadente, en parte; pero ya le había tomado el ritmo, la obscuridad se hizo mi aliada, el hedor mi amigo, el sinsentido mi brújula, y tu luz descomunal vino a mostrarme todo, encendió luces donde no quería y dejo patente mi miseria, contrastándola con tu fulgurante hermosura, de esas que duelen. Pero algo pasó, algo que me incomoda, pero a la vez me agrada, me generaste un vértigo inmediato por salir de esta miseria y probar suerte, una vez mas, en estas lides pendulares del amor, quizás y ahora me toque bien, quizás y esta vez no lo estropeé, lo dudo, dado que tengo esa virtud, estropear todo lo que toco, en particular, relaciones interpersonales. En realidad, tengo miedo de la esperanza, tengo miedo de pensar que existe una oportunidad, y que la desaproveche o peor aún, que la estropeé, tantas manos gentiles que se cruzaron en mi camino y yo, cómo desquiciado, apartándolas, una a una, escupiéndolas, una a una, hasta que me quede sin manos a quien recurrir, esa estúpida idea de superioridad, de autosuficiencia, subió tan alto, tanto cómo mi estupidez. La soledad y el ser testigo de mi perdición fueron mis peores castigos, pero maldición, ya estaban asumidos, sabía que sólo quedaba una carta y estaba armándome de fuerzas para jugarla y apareces tú, confinándome a este sentimiento emprendedor, que me hace pensar y mejorar, que me hace elugubrar proyectos, incubar fantasías, que me hace tener sueños de besos tórridos, miradas cómplices, cuerpos mojados.

Esa es mi queja y la dirijo contra la persona encargada de esa oficina llamada destino, que de una vez por todas dé la cara, se enfrente a sus detractores, que sea valiente, tanto como las decisiones que quiere que uno emprenda; maldito titiritero, maldito director de poca monta, sírvete de otro para engendrar tus dramas bastardos, paridos en infinidad de veces, que te crees, que apareces y desapareces de la nada, de acuerdo a un arbitrio imperceptible para un mortal como yo, déjame en paz, por hoy sólo quiero estar, ni siquiera ser. Eres un sadista psicopático, que juega con mi alma en pena, pero te llegara la hora para que te descueren y espero estar presente, en ese juicio del fin de los días, sólo para ver como te metes esa cola de lagarto por tu culo tensado, y así poder viajar en paz a donde corresponda.

Por el momento, me dejaré engatusar por esa pluma incorpórea, que sutilmente flota en mi mente, siendo fuente de vigor y esperanza, no sólo porque sea atractiva, sino porque quizás alguien se dio cuenta que lo merezco.