Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Thursday, November 15, 2007

Hoy

Hoy, cansado de tu amor, sofocado en tus abrazos, no me queda mas salida que enróstrate tamaña afrenta, tamaña asfixia. Has dejado de respetar mi respiración, mis ritos ancestrales, mis lugares privados. Has vulnerado, en completa resignación de mi parte, los llantos solitarios de mis lagrimales desérticos, siendo testigo de mis momentos de humanidad y vulnerabilidad. Y de ellos, bestial mujer de fierro, te has valido para envolverme en tus musarañas de mujer araña, en tus brazos infinitos de mujer calamar y en tus labios ardientes de mujer de fuego. Y sintiendo que ni siquiera con todas mis fuerzas me despojaré de tu asedio, me atrevo a comunicarte que tus días están contados, que tus presiones tienen fin, porque si bien soy incapaz de enfrentar tu efluvio color guinda, si soy capaz de extirparte tu risa, tu gloria, tu satisfacción pueril y desquiciada. Hoy acabo con tus regocijos, me mato en tres minutos.

Desilusión

Desde que la vi entrar, mis vísceras se dieron un festín ardiente. Luego de diez minutos y dos bourbon matutinos, la encaré sin titubear, como nunca había realizado. Estando frente a ella, le lancé mi sentir:


- Lo mío es carne, de esa que se masca y sangra. También es sexo, de ese que suda y gime.

Se paró abruptamente de la mesa, en dos oportunidades se volvió antes de desaparecer por la puerta del local, su mirada era de perturbación. Fue la primera y última vez que la vi.

Caída

Sintiendo que nada podía ser más doloroso que ese momento o más solitario que ese farol, que al parecer no tenía más fin en el mundo que alumbrar tímidamente su cuerpo, cayó. Mientras caía, divisó la copa de un árbol, tan sobria como eso, tan dulce como eso, el viento irrespetuoso que no se apiadaba de su suerte la mecía con ternura, de esa que le prodiga la madre al crío. El verde de ese árbol algo de tranquilidad le daba, pero sólo algo, sabía que su suerte estaba echada, sólo era cosa de tiempo.
(Seleccionada concurso de cuentos de microficción Garzón Céspedes 2007, pronto a publicarse)

Jorobado Jelvez

El jorobado Jelvez tenía una gracia especial, obviando su joroba, que de suyo era particular e inolvidable. El jorobado Jelvez era también, eunuco, sí, de esos que la literatura importada nos ha reseñado, sólo reseñado, y que nuestra mente a completado en fantasía, porque dudo que alguno de ustedes haya visto a un eunuco. Tanta excentricidad reunida bajo una misma piel, más extensa que el común debo agregar por su joroba. Espero que su discreción no sea como la mía, y puedan guardar este secreto, porque si se llega a enterar de que divulgué su condición extraordinaria, probablemente se mate, sin exagerar, porque exagerando diría, que probablemente se mate, pero antes liquidé a unos cuantos, entre ellos yo.