
Queja perpetua, siempre siendo títere de fuerzas imperceptibles, supraterrenales, superiores, definitivamente, a esta decadencia humana. Cuando por fin estaba acostumbrándome a esta constante de dolor, a este vacío, ahora tolerable, me encuentro de bruces frente a ti, casi flotando, casi estelarmente, como un destello enceguecedor, como la luz que te absorbe y te guía en paz, tu pelo tan liso como la llanura, tan suave como el beso de un niño, tan hermoso como lo mas hermoso, así de repente, mientras hablaba te deslizaste por atrás, corte mi soliloquio enmarañado y me abstraje de todo, para focalizarme en ti, no hubo mas vida que la tuya en el mundo en ese momento eterno y encantador.
Siempre se ha dicho que cuando se cierra la puerta en algún lugar se abre una ventana, yo no quería ventanas, había internalizado el final del camino y estaba en paz en esta situación disociada, autista, decadente, en parte; pero ya le había tomado el ritmo, la obscuridad se hizo mi aliada, el hedor mi amigo, el sinsentido mi brújula, y tu luz descomunal vino a mostrarme todo, encendió luces donde no quería y dejo patente mi miseria, contrastándola con tu fulgurante hermosura, de esas que duelen. Pero algo pasó, algo que me incomoda, pero a la vez me agrada, me generaste un vértigo inmediato por salir de esta miseria y probar suerte, una vez mas, en estas lides pendulares del amor, quizás y ahora me toque bien, quizás y esta vez no lo estropeé, lo dudo, dado que tengo esa virtud, estropear todo lo que toco, en particular, relaciones interpersonales. En realidad, tengo miedo de la esperanza, tengo miedo de pensar que existe una oportunidad, y que la desaproveche o peor aún, que la estropeé, tantas manos gentiles que se cruzaron en mi camino y yo, cómo desquiciado, apartándolas, una a una, escupiéndolas, una a una, hasta que me quede sin manos a quien recurrir, esa estúpida idea de superioridad, de autosuficiencia, subió tan alto, tanto cómo mi estupidez. La soledad y el ser testigo de mi perdición fueron mis peores castigos, pero maldición, ya estaban asumidos, sabía que sólo quedaba una carta y estaba armándome de fuerzas para jugarla y apareces tú, confinándome a este sentimiento emprendedor, que me hace pensar y mejorar, que me hace elugubrar proyectos, incubar fantasías, que me hace tener sueños de besos tórridos, miradas cómplices, cuerpos mojados.
Esa es mi queja y la dirijo contra la persona encargada de esa oficina llamada destino, que de una vez por todas dé la cara, se enfrente a sus detractores, que sea valiente, tanto como las decisiones que quiere que uno emprenda; maldito titiritero, maldito director de poca monta, sírvete de otro para engendrar tus dramas bastardos, paridos en infinidad de veces, que te crees, que apareces y desapareces de la nada, de acuerdo a un arbitrio imperceptible para un mortal como yo, déjame en paz, por hoy sólo quiero estar, ni siquiera ser. Eres un sadista psicopático, que juega con mi alma en pena, pero te llegara la hora para que te descueren y espero estar presente, en ese juicio del fin de los días, sólo para ver como te metes esa cola de lagarto por tu culo tensado, y así poder viajar en paz a donde corresponda.
Por el momento, me dejaré engatusar por esa pluma incorpórea, que sutilmente flota en mi mente, siendo fuente de vigor y esperanza, no sólo porque sea atractiva, sino porque quizás alguien se dio cuenta que lo merezco.


<< Home