Estoy perdiendo el don de hacer que las mujeres cometan excesos, antes una cualidad tan usada, ahora ni vestigios de aquello. Son momentos de nubes, en donde para empeorar la situación, me doy cuenta, además, que mis codificaciones de la realidad se están alterando, dado que lo que yo creía como seguro, resulta ser, en definitiva, algo completamente diferente, alejado de la realidad y mas parecido a un sueño de verano que a una certeza terrenal. En realidad, eso es lo que me espanta, que mis codificaciones de la realidad se hayan alterado, porque creo ciegamente que allí se encontraba una de mis cualidades más sociales, ya que era capaz de anticipar conductas con facilidad y sin mucho margen de error; pero que pasa si empieza a desvanecerse esa cualidad, que pasa con mi bastión de la adaptabilidad, que pasa con mi forma de interactuar... al parecer todo debe dar nuevos giros, todo debe ser leído con detención y examinar con profundidad las conductas, quizás y es sólo un momento de tempestad, quizás y es sólo un malentendido, quizás y de verdad es tan sólo un sueño. Es como cuando te faltan cosas, peldaños en la escalera, bares en noches de luna, amistad con la locuacidad viva, mujeres y la tensión entre las piernas, alcohol y ganas de olvidar, imaginación y momentos de soledad, amor y un lecho vacío.Bueno, siempre es bueno darse cuenta que los tiempos cambian y llevan sus códigos propios, insertos en su médula, probablemente no me ha dado el tiempo de comprender bien la nueva sabia de la comunicación, quizás y ya el tren de la sociabilidad me dejó en alguna estación perdida, creyendo que me sentía bien, viéndome cómodo, cuanto error sería aquello; no hay nada que me mueva mas que relacionarme con gente, nada que me motive mas que encontrar nuevos arquetipos humanos, de los cuales aprender y aumentar mi acervo experiencial. No obstante lo anterior, sigo con el sentimiento de frustración, el de ya no poder hacer que las mujeres cometan excesos, ni siquiera ser capaz de arrancarles un beso tibio, furtivo, inesperado, cuanto han caído mis capacidades, quizás y el celibato vitalicio esta a la vuelta de la esquina para acompañarme hasta la otra vida, pero eso en parte lo podría solucionar, las mujeres de amor rentado cumplen muy bien su función, sobre todo para el que mendiga cariño y ansía compartir un lecho; el problema más serio surge en la codificación de la realidad, como puede ser que me haya equivocado de esa manera, cómo pude haber entendido calor cuando era frío, cómo pude haber visto ojos brillantes cuando estaban más opacos que nunca, cómo pude haber sentido cadencia en los movimientos si la gelidez se hizo presente, cómo pude entender complicidad cuando ni un rictus de tu rostro tengo... no, la vida nuevamente se encargó de bajarme a mi sitial, el de aprendiz, eterno pupilo del destino y de su manera misteriosa de enseñarme los caminos.
En lo puntual, encuentro lamentable, generar esperanzas que pueden ser vínculos y no tener valentía para gritarlos, darse en un momento como si fuera toda la vida, amar a cada instante y no negarse a ese torrente, no sirvo para las medias tintas, ahora y aquí, todo o nada... bueno, pero siempre algo bueno se debe extraer, me quedo con que los colores negros me asientan, que tengo, por lo menos los lentes de escritor, que la noche, ante el desprecio del destino siempre me cobija y me da espacios de desahogo, que sigo teniendo la impertinencia viva y que siempre, de seguir así, tendré historias para contar.


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