Sin lugar a dudas todo estaba patas pa`rriba
, nada ocurría como alguien como yo hubiese esperado, mucho menos algún mortal común y corriente.
Entro y, al instante, me presentan a una señora como la madre del celebrado, sin poder evitarlo mi vista sinverguenza se fija en su pezón travieso que se esmeraba por escapar de ese vestido tímido, al momento, mi lengua compasiva se planteó la misión de calmarlo y darle remanzo para que se desbocará en un ambiente cálido. Algo así como Samanta, fue su nombre, algo así como exitante fue mi respuesta, una mirada lazerante fue la que me devolvió a la retina. Mas tarde volvería por ese lado de la casa, ahora tenía que ubicar al contacto que me había invitado a esa fiesta, que pronto se encumbraría dentro de los recuerdos imborrables que atesoro.
Me encamino dentro del hogar y, como señalé en un comienzo, todo estaba patas pa'rriba, un gordo con principio de autopsia, por su voluminoso cuerpo, me dice que "...estoy un poco mas delgado."; que si me daba cuenta, ni siquiera lo conocía, pero me lo dijo con tal ansiedad que le corroboré la aseveración, al instante, me tomó de los brazos, me acercó a su cuerpo, me besó y quiso manosear mi sexo, como pude lo empujé fuera de mi radio, lamentable movimiento y esfuerzo, dado que el gordo comenzó a gritar como cerdo en matadero y luego a llorar, vociferando que yo era una mala persona y lo había herido en lo mas profundo de su alma, vanamente intenté decir que nada de eso era cierto y que apenas lo venía conociendo, todos me miraban con cara de muerte; imaginándome una golpiza de aquellas, opté por el silencio ante la andanada de vituperios varios que me dejaron caer los anónimos comensales, cuando daba por hecho que mi esmirriado cuerpo sería objeto de una pateadura al estilo Matute, se escucha, entre la multitud, "...déjenlo...si viene conmigo."; apareció el gilipollas que me había invitado, mi primera reacción fue abrazarlo, como si fuera mi salvador, pero al instante siguiente, le puse una patada en la raja, que lo encumbré por el aire, casi al punto de hacerlo rozar el techo, no me dijo nada. Fuí por un trago, luego de memorizar detenidamente en donde se encontraba éste gaznápiro, por si alguna situación incómoda volvía a acontecer. Mientras me servía mi vodka tónica, se trasluce por un vidrio en mozaico, cómo un número indeterminado de cristianos se pegaban en la pera como endemoniados, de pronto, se distingue haciendo un mayor esfuerzo aún, a una mujer que se desabrocha violentamente su blusa y grita que le depositen la mercancía en su busto generoso, veo como lo hacen y entre tres comienzan a aspirar de su cuerpo; pensé...que mujer, como debía ser en el ring de cuatro perillas, cuantas imágenes aparecieron en mi mente disociada; bajo la influencia de la calentura, busqué alguna posición desde donde pudiese ver con nitidez ese espectáculo, me situé tras un lavadero gigante que había finalizando esa pared, y me subí en un balde que se encontraba allí, es cosa de que me subo y justo uno de los mastodontes adictos, me vé, alcancé a verle la espalda de la velocidad con que se dió media vuelta para venir a buscarme, salté del balde y fuí donde estaba el grupo de mi amigo, llegamos juntos con ese disquiciado, como pude le expliqué, que me estaba faltando el aire y desde allí pensaba que se podía respirar mejor, lo bueno de este tipo de musculosos es que no tienen nada de cerebro y es facílisimo enbaucarlos, el tipo compró todo y se fue pidiendo disculpas, porque manipulé la situación hasta ese punto. En ese momento me juramenté no despegarme de ese idiota que me había invitado, ya eran dos las salvadas y como la tercera es la vencida, opté por dedicarme a observar el ambiente.
De mas está decir que yo y mi suerte estamos distanciados, quizás por lo mismo, al cabo de un buen rato siento a mis espaldas una mirada lazerante, no quería devolverla ya que esa misma mirada la había sentido antes y en ese mismo lugar, sin voltearme me dirigí donde estaba el grupo de papasnatas, no alcancé a llegar muy lejos, cuando siento una mano que se desliza con suavidad por mi espalda, en realidad, era el dedo índice el que bailaba por mi espalda siguiendo delicadamente la línea que deja la columna vertebral, no pude contenerme y giré, allí estaba ella, a escasos centímetros y ebria como nadie en ese recinto. El pezón había vencido por completo la verguenza del vestido y danzaba con desenfreno al aire libre, mi lengua se alborotó instantáneamente, la tomé de la mano y me dirigí a algún lugar discreto, en mala hora le pregunté a ella, me llevó a la cocina que estaba atestada de gente, más alcancé a evitarlo y pudimos proseguir camino. Lo único que sabía del dueño de casa era que su padre no estaba, porque viajaba por sus negocios y él era un retardado que jugaba rugby en un nivel bueno, es por eso que se me ocurrió decirle que me condujera al dormitorio, pensando que allí sólo ella se hacía presente; entramos y de inmediato me cobré por todas las penurias que había pasado succionándole con fiebre su pezón ennegrecido, gimió como yegua herida, en un movimiento diestro, teniendo en cuenta su estado etílico, se aferró a mi verga, como mendigo a la moneda que cae cerca de su alcance, lo apretó como alicate, teniendo que arrancarle las manos de mi sexo, en ese momento algo se apoderó de mí, una energía inusual, pero maravillosa, le arranqué sus bragas húmedas, la tumbé de espaldas en la cama, me bajé la bragueta lentamente, viendo como esta ninfómana se hipnotizaba por este movimiento, dejé en libertad a mi verga dañina, se tensó completamente; ella se abrió de piernas, invitándome a insertar mi carne, cosa que hice en ese mismo momento, el grito fue profundo, espeluznante y placentero. La dañé por detrás, como le gustó a la gata, proseguí por unos momentos más, al momento de variar la posición, la puerta se abre de par en par, el orandután que aspiraba ese polvo ezquizofrénico, entra mas duro que acero y sólo atina a gritar "...mamá".
, nada ocurría como alguien como yo hubiese esperado, mucho menos algún mortal común y corriente.Entro y, al instante, me presentan a una señora como la madre del celebrado, sin poder evitarlo mi vista sinverguenza se fija en su pezón travieso que se esmeraba por escapar de ese vestido tímido, al momento, mi lengua compasiva se planteó la misión de calmarlo y darle remanzo para que se desbocará en un ambiente cálido. Algo así como Samanta, fue su nombre, algo así como exitante fue mi respuesta, una mirada lazerante fue la que me devolvió a la retina. Mas tarde volvería por ese lado de la casa, ahora tenía que ubicar al contacto que me había invitado a esa fiesta, que pronto se encumbraría dentro de los recuerdos imborrables que atesoro.
Me encamino dentro del hogar y, como señalé en un comienzo, todo estaba patas pa'rriba, un gordo con principio de autopsia, por su voluminoso cuerpo, me dice que "...estoy un poco mas delgado."; que si me daba cuenta, ni siquiera lo conocía, pero me lo dijo con tal ansiedad que le corroboré la aseveración, al instante, me tomó de los brazos, me acercó a su cuerpo, me besó y quiso manosear mi sexo, como pude lo empujé fuera de mi radio, lamentable movimiento y esfuerzo, dado que el gordo comenzó a gritar como cerdo en matadero y luego a llorar, vociferando que yo era una mala persona y lo había herido en lo mas profundo de su alma, vanamente intenté decir que nada de eso era cierto y que apenas lo venía conociendo, todos me miraban con cara de muerte; imaginándome una golpiza de aquellas, opté por el silencio ante la andanada de vituperios varios que me dejaron caer los anónimos comensales, cuando daba por hecho que mi esmirriado cuerpo sería objeto de una pateadura al estilo Matute, se escucha, entre la multitud, "...déjenlo...si viene conmigo."; apareció el gilipollas que me había invitado, mi primera reacción fue abrazarlo, como si fuera mi salvador, pero al instante siguiente, le puse una patada en la raja, que lo encumbré por el aire, casi al punto de hacerlo rozar el techo, no me dijo nada. Fuí por un trago, luego de memorizar detenidamente en donde se encontraba éste gaznápiro, por si alguna situación incómoda volvía a acontecer. Mientras me servía mi vodka tónica, se trasluce por un vidrio en mozaico, cómo un número indeterminado de cristianos se pegaban en la pera como endemoniados, de pronto, se distingue haciendo un mayor esfuerzo aún, a una mujer que se desabrocha violentamente su blusa y grita que le depositen la mercancía en su busto generoso, veo como lo hacen y entre tres comienzan a aspirar de su cuerpo; pensé...que mujer, como debía ser en el ring de cuatro perillas, cuantas imágenes aparecieron en mi mente disociada; bajo la influencia de la calentura, busqué alguna posición desde donde pudiese ver con nitidez ese espectáculo, me situé tras un lavadero gigante que había finalizando esa pared, y me subí en un balde que se encontraba allí, es cosa de que me subo y justo uno de los mastodontes adictos, me vé, alcancé a verle la espalda de la velocidad con que se dió media vuelta para venir a buscarme, salté del balde y fuí donde estaba el grupo de mi amigo, llegamos juntos con ese disquiciado, como pude le expliqué, que me estaba faltando el aire y desde allí pensaba que se podía respirar mejor, lo bueno de este tipo de musculosos es que no tienen nada de cerebro y es facílisimo enbaucarlos, el tipo compró todo y se fue pidiendo disculpas, porque manipulé la situación hasta ese punto. En ese momento me juramenté no despegarme de ese idiota que me había invitado, ya eran dos las salvadas y como la tercera es la vencida, opté por dedicarme a observar el ambiente.
De mas está decir que yo y mi suerte estamos distanciados, quizás por lo mismo, al cabo de un buen rato siento a mis espaldas una mirada lazerante, no quería devolverla ya que esa misma mirada la había sentido antes y en ese mismo lugar, sin voltearme me dirigí donde estaba el grupo de papasnatas, no alcancé a llegar muy lejos, cuando siento una mano que se desliza con suavidad por mi espalda, en realidad, era el dedo índice el que bailaba por mi espalda siguiendo delicadamente la línea que deja la columna vertebral, no pude contenerme y giré, allí estaba ella, a escasos centímetros y ebria como nadie en ese recinto. El pezón había vencido por completo la verguenza del vestido y danzaba con desenfreno al aire libre, mi lengua se alborotó instantáneamente, la tomé de la mano y me dirigí a algún lugar discreto, en mala hora le pregunté a ella, me llevó a la cocina que estaba atestada de gente, más alcancé a evitarlo y pudimos proseguir camino. Lo único que sabía del dueño de casa era que su padre no estaba, porque viajaba por sus negocios y él era un retardado que jugaba rugby en un nivel bueno, es por eso que se me ocurrió decirle que me condujera al dormitorio, pensando que allí sólo ella se hacía presente; entramos y de inmediato me cobré por todas las penurias que había pasado succionándole con fiebre su pezón ennegrecido, gimió como yegua herida, en un movimiento diestro, teniendo en cuenta su estado etílico, se aferró a mi verga, como mendigo a la moneda que cae cerca de su alcance, lo apretó como alicate, teniendo que arrancarle las manos de mi sexo, en ese momento algo se apoderó de mí, una energía inusual, pero maravillosa, le arranqué sus bragas húmedas, la tumbé de espaldas en la cama, me bajé la bragueta lentamente, viendo como esta ninfómana se hipnotizaba por este movimiento, dejé en libertad a mi verga dañina, se tensó completamente; ella se abrió de piernas, invitándome a insertar mi carne, cosa que hice en ese mismo momento, el grito fue profundo, espeluznante y placentero. La dañé por detrás, como le gustó a la gata, proseguí por unos momentos más, al momento de variar la posición, la puerta se abre de par en par, el orandután que aspiraba ese polvo ezquizofrénico, entra mas duro que acero y sólo atina a gritar "...mamá".
Los próximos segundos se encuentran desordenados en mi memoria, sé que se avalanzó sobre mi cuerpo, me lanzó por los aires, me golpeé en una pared, la mujer gritaba desaforadamente que la estaba violando, yo yacía con mi verga erecta. El orangután se acerca a mí, me imagino que ha exterminar mi existencia, en eso, el techo, no sé porqué motivo, se desprende, no en su totalidad, pero diviso como la viga lateral cede en uno de sus extremos y cae como péndulo, la fortuna quiso que le diera en plena cabeza al robusto idiota, partiéndosela, atiné a ver como la masa encefálica adornó la pared contraria a donde yo yacía, se desplomó muerto a mis pies, la madre se levantó, lo miró y cayó desmayada. El ruido fue ensordecedor, llegó gente a ver que sucedía, alcancé a subirme los pantalones y comentarles que yo justo pasaba por el pasillo y escuché el ruido ensordecedor.
Nunca mas supe de nadie de esa fiesta, me salvé tres veces seguidas, como los tres cantos del gallo en la historia de Pedro y Jesús, como los tres goles que se comió Toledo en el debut de Salas en la Selección de Fútbol, como los tres dientes de mi vecina, como las tres piernas de Ron Jeremi. Por algo me salvé, la diosa fortuna me quisó dejar algún tiempo más en esta selva carnívora. Desde ese momento, tengo mas cuidado con las madres de los dueños de casa, ahora sólo les tomo el número telefónico y luego hago mis deberes.


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