El sólo era hábil con su pie derecho, con él hacía maravillas con la pelota, quizás y cuantas dominaba en el aire, un iluminado; pero su talón de Aquiles era su pie izquierdo, sólo lo ocupaba para acelerara, subirse a la micro, le pegaba con tanta fuerza como con el diario y creció bajo ese dolor, con esa atrofia que en el fútbol se paga caro.
Ella flotaba en la pista de acrobacia, sin lugar a dudas era de las mejores en danza, gimnasia o cuanta cosa le pusieran por delante, con esfuerzo suplía su carencia de desarrollo en la pierna derecha, mas los años no pasan en vano y las demás, que se desarrollaban integralmente, la fueron superando, una a una, acrobacia tras acrobacia.
Se conocieron en la Plaza de la esquina de mi casa, casi sin querer, casi sin saber, de repente; una pelota que surcó el aire, una pierna que detuvo una colisión con su rostro, una mirada de gracias, una palabra de confianza. Ella le enseñó técnicas para que desarrollara el equilibrio y confianza en su pierna izquierda, él le enseñó las triquiñuelas para fortalecer la musculatura de su pierna derecha y como debía realizarlo; juntos fueron creciendo, se hicieron mejores.
Al cabo de un tiempo se volvieron a abrir las pruebas de selección para entrar en los equipos, ella tenía miedo, no cumplía con la edad y sus compañeras ya eran profesionales de la especialidad; él estaba en toda su capacidad, se sentía mas fuerte que nunca, mejor capacitado que nadie. Tenía razón, quedó de inmediato en la selección del equipo al que siempre alentó, su pierna izquierda ya no era mas un obstáculo, sino que era una ayuda y la habilidad de su tan temida pierna derecha seguía intacta. Ella estaba paralizada por el miedo, sabía que su mejora era evidente, se sentía mejor que nunca y aún así existía un vacío en su interior que le generaba la mayor de las inseguridades. El tiempo es implacable, llegó el momento de enfrentar su prueba, no había vuelta atrás, él apareció de improviso, la amarró a su pecho en un abrazo atlántico, su pierna derecha llena de habilidad se simbiotizo con la de ella, supliéndola, complementándola….la gente no se dio cuenta, porque eran una unidad perfecta, ella se movió como nadie, cada movimiento fue mejor que el otro. Termino la demostración flotando sobre los gustos egoístas y subjetivos de un par de personas, él terminó llorando al sentirse partícipe de tal demostración de belleza.
Me parece que el amor existe, pero es invisible a ojos que buscan lo vano, lo superflúo, lo terrenal. El amor trasciende, se hace uno….y si eres testigo de ese milagro, te enterarás por la lágrima que corre sin sentido por tu rojiza mejilla de vergüenza.
Ella flotaba en la pista de acrobacia, sin lugar a dudas era de las mejores en danza, gimnasia o cuanta cosa le pusieran por delante, con esfuerzo suplía su carencia de desarrollo en la pierna derecha, mas los años no pasan en vano y las demás, que se desarrollaban integralmente, la fueron superando, una a una, acrobacia tras acrobacia.
Se conocieron en la Plaza de la esquina de mi casa, casi sin querer, casi sin saber, de repente; una pelota que surcó el aire, una pierna que detuvo una colisión con su rostro, una mirada de gracias, una palabra de confianza. Ella le enseñó técnicas para que desarrollara el equilibrio y confianza en su pierna izquierda, él le enseñó las triquiñuelas para fortalecer la musculatura de su pierna derecha y como debía realizarlo; juntos fueron creciendo, se hicieron mejores.
Al cabo de un tiempo se volvieron a abrir las pruebas de selección para entrar en los equipos, ella tenía miedo, no cumplía con la edad y sus compañeras ya eran profesionales de la especialidad; él estaba en toda su capacidad, se sentía mas fuerte que nunca, mejor capacitado que nadie. Tenía razón, quedó de inmediato en la selección del equipo al que siempre alentó, su pierna izquierda ya no era mas un obstáculo, sino que era una ayuda y la habilidad de su tan temida pierna derecha seguía intacta. Ella estaba paralizada por el miedo, sabía que su mejora era evidente, se sentía mejor que nunca y aún así existía un vacío en su interior que le generaba la mayor de las inseguridades. El tiempo es implacable, llegó el momento de enfrentar su prueba, no había vuelta atrás, él apareció de improviso, la amarró a su pecho en un abrazo atlántico, su pierna derecha llena de habilidad se simbiotizo con la de ella, supliéndola, complementándola….la gente no se dio cuenta, porque eran una unidad perfecta, ella se movió como nadie, cada movimiento fue mejor que el otro. Termino la demostración flotando sobre los gustos egoístas y subjetivos de un par de personas, él terminó llorando al sentirse partícipe de tal demostración de belleza.
Me parece que el amor existe, pero es invisible a ojos que buscan lo vano, lo superflúo, lo terrenal. El amor trasciende, se hace uno….y si eres testigo de ese milagro, te enterarás por la lágrima que corre sin sentido por tu rojiza mejilla de vergüenza.


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