Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Friday, March 10, 2006

Entro a la casa y el perro comienza a hacerle el amor a mi canilla, lamentable suceso, más si se tiene en cuenta que era la primera visita a la casa de mis suegros, más si se tiene en cuenta que el perro era el regalón de la casa, más si se tiene encuenta que era de propiedad de la mujer que me brindaba su cariño. Al cabo de unos segundos el vaivén del insecto comenzó a agradarme, ese calorcito, ese extraño jadeo que rozaba mis tímpanos, quizás era el ver como toda la familia estaba alegre con el espectáculo que brindábamos; la cordura primó, la dueña del can lo sacó de mi canilla, mi pierna se enfrío, las caras de alegría se esfumaron y caímos en la rutinaria conversación de presentación. Bla-bla-blabla-bla-bla-bla-bla-bla-bla...o algo así.
De pronto el perro entra en escena nuevamente, pero traía mas bríos que la vez anterior, al parecer no quedó para nada satisfecho con su acción, menos con la de su dueña; se lanzó en picada contra mí...a veces pienso que si hubiera caído en mi cara, a mi cara le hace sexo. Pero bueno, se detuvo en mi pierna y comenzó con su rutina, claro que ahora también yo estaba sediento de sexo, dado que los padres de mi dama estaban encerrados en su pieza y yo estaba con ella en la suya. Quizás fue pervertido, algo no normal, ajeno a la razón, pero en fin, las cosas pasan y hay que estar atento. Mientras le tocaba los senos a mi dama, el perro tenía sexo con mi pierna, estábamos en oscuridad absoluta, prontamente ella se despojó de sus prendas, yo de las mías, el perro andaba desnudo. Le hundí mi cabeza en su sexo húmedo, con la maestría que dan los años, la lubriqué hasta el pánico, además de introducirle dos dedos en su aún apretada vagina. El perro estaba expeliendo un olor intenso, claramente estaba exitado, sentía su crecidito amor en mi pierna, ya no toleré más, le pegué una patada estrepitosa, más no sentí ningún sonido, obviamente no me importó, en vista de la escena que se planteaba debía ir por mi preservativo...lamentablemente uso preservativo, y digo lamentablemente, puesto que al ir en busca del que siempre llevó en mi billetera, dejé a mi dama tendida en la cama, con las piernas abiertas y clamando dureza. Lo busco, lo encuentro, pero en ese instante, comienzo a escuchar como ella sigue con la intensidad de sus exclamaciones, susurra cosas como, dale, no pares, sigue, ahí papito, etc.
No fuí yo, fue el perro, maldito, tuvo sexo dos veces esa noche y yo apenas medio encuentro. Los canes, de verdad son el mejor amigo del hombre.