Ver como impúdicamente las heces de ese plumífero recorrían la calva planicie que coronaba tu vetusto cuerpo, me dio una pequeña señal de que algo andaba mal. Al poco caigo, en que tampoco prestas atención a tu bragueta, la cual estaba abierta de par en par, mostrando sin vergüenza tu ajeada y contraída herramienta, ya que mantienes esa virtud de andar en cueros, como yo. Eso me indicó, con mayor certeza aún que algo andaba mal, una cierta aura negra te circunscribía, los perros con tiña se alejaban, los guardias corruptos que protegían con sesgo mutilado, corroído y sobornable los pocos locales oscuros de ese pasaje te miraban de reojo y con desdén. Era inevitable pensar en lo peor, cuantas ideas llenaron en segundos mi dislocada mente, desde muertes dolorosas hasta algún tipo de violación que te haya propinado ese maldito gorila de la verdulería que siempre te ha echado el ojo, la cabeza, el cuerpo, la pierna y su entrepierna. No podía ir a tu encuentro y la desesperación se apoderaba de mí a pasos agigantados; tu exasperante lentitud estaba a punto de cobrar la vitalidad de mi estresado miocardio, más no cejabas en esa lentitud parsimoniosa, casi ritualista.
Al poco caigo, ya que te divisé con mayor nitidez bajo la luz de la luminaria que me falta apedrear, que tampoco tu paso es el normal, se perdió ese orgullo que se desprende de tu presión en la tierra, que tu caminar se asemeja mucho, pero mucho, al mío, mas bien retraído, mas bien ajeno, mas bien apocado, mas bien perdedor; eso me puso en alerta máxima, no podía dar crédito a mis sombríos ojos, cuantas ganas de acelerar tu maldito y recalcitrante caminar, insertarte un ají por tu recto para ver si así caminas decentemente; pero la preocupación anuló en el acto ese pensamiento recurrente, la luz ahora te daba en la espalda y eras lo más parecido a cualquier imagen que pudiera haber tenido del viejo del saco, casi distinguía tu joroba y el bolso donde acumulabas tus endemoniados recuerdos y souvenir. Que te pasaba, porque ese vaivén, a veces te detenías y luego proseguías con algo de velocidad que prontamente desaparecía para volver a tu ritmo añoso. Pensé que te habías caído al litro, que andabas perdido en el tiempo, vacilante en el espacio y ebrio como huasca, pero recordé que no tomas desde ese incidente en donde golpeaste a la señora regordeta y ella te mordió el testículo izquierdo, como no recordarlo. Entonces que era lo que te traía así, mi mente, de la cual me jactó por ingeniosa y creativa, estaba en coma, nada mas se ocurría.
Ya estabas mas cerca y empiezo a distinguir con claridad tu cara, no era lo que siempre acostumbra, rígida, si me apuras un poco, venías transpirando, tus gestos eran asimétricos y daban cuenta de un malestar generalizado, tus ojos sólo miraban el suelo como contando cuanto faltaba para llegar a no sé donde, tu caminar pinguinesco, corto y apretado me decía que definitivamente, algo andaba mal. De repente te tomas la guata, te afirmas con la diestra en el portón donde le robaste la virginidad a la gorda Antonieta, con la zurda te empujas el estómago como queriendo evitar algo…no tenía dudas, estabas apuñalado, perdías sangre a borbotones y querías hacer un torniquete para no desangrarte. Corrí a buscar dentro del negocio todo lo que pudiera y me acordará de primeros auxilios, pensar que nunca pensé que esa clase me serviría, bueno aparte de degustar de la Macarenita y su no explorada cavidad; pero no era el tema…llegué con todo, tú también; me percató que no sangras, casi al mismo tiempo, siento que con tu voz damnificada me señalas las tranquilizadoras palabras…”momito tenis confort en el baño”.
“Claro compadre, pasé”. Fue lo que salió de mis secos labios.
Al poco caigo, ya que te divisé con mayor nitidez bajo la luz de la luminaria que me falta apedrear, que tampoco tu paso es el normal, se perdió ese orgullo que se desprende de tu presión en la tierra, que tu caminar se asemeja mucho, pero mucho, al mío, mas bien retraído, mas bien ajeno, mas bien apocado, mas bien perdedor; eso me puso en alerta máxima, no podía dar crédito a mis sombríos ojos, cuantas ganas de acelerar tu maldito y recalcitrante caminar, insertarte un ají por tu recto para ver si así caminas decentemente; pero la preocupación anuló en el acto ese pensamiento recurrente, la luz ahora te daba en la espalda y eras lo más parecido a cualquier imagen que pudiera haber tenido del viejo del saco, casi distinguía tu joroba y el bolso donde acumulabas tus endemoniados recuerdos y souvenir. Que te pasaba, porque ese vaivén, a veces te detenías y luego proseguías con algo de velocidad que prontamente desaparecía para volver a tu ritmo añoso. Pensé que te habías caído al litro, que andabas perdido en el tiempo, vacilante en el espacio y ebrio como huasca, pero recordé que no tomas desde ese incidente en donde golpeaste a la señora regordeta y ella te mordió el testículo izquierdo, como no recordarlo. Entonces que era lo que te traía así, mi mente, de la cual me jactó por ingeniosa y creativa, estaba en coma, nada mas se ocurría.
Ya estabas mas cerca y empiezo a distinguir con claridad tu cara, no era lo que siempre acostumbra, rígida, si me apuras un poco, venías transpirando, tus gestos eran asimétricos y daban cuenta de un malestar generalizado, tus ojos sólo miraban el suelo como contando cuanto faltaba para llegar a no sé donde, tu caminar pinguinesco, corto y apretado me decía que definitivamente, algo andaba mal. De repente te tomas la guata, te afirmas con la diestra en el portón donde le robaste la virginidad a la gorda Antonieta, con la zurda te empujas el estómago como queriendo evitar algo…no tenía dudas, estabas apuñalado, perdías sangre a borbotones y querías hacer un torniquete para no desangrarte. Corrí a buscar dentro del negocio todo lo que pudiera y me acordará de primeros auxilios, pensar que nunca pensé que esa clase me serviría, bueno aparte de degustar de la Macarenita y su no explorada cavidad; pero no era el tema…llegué con todo, tú también; me percató que no sangras, casi al mismo tiempo, siento que con tu voz damnificada me señalas las tranquilizadoras palabras…”momito tenis confort en el baño”.
“Claro compadre, pasé”. Fue lo que salió de mis secos labios.


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