Una noche de fiesta cualquiera, con rostros anónimos y de los otros, con tragos conocidos y de los otros, en lugares comunes y de los otros, se transformó al cabo de unas horas en una buena experiencia, que dejó cierto aprendizaje manoseado, cierta amistad incipiente y algunos teléfonos para el placer.Buscando espacios para expresar la fiebre artística que se vuelca en cada uno de nuestros actos, encontramos ese enclave de madera en esa calle obscura y desconocida; entramos con respeto, preguntamos con humildad por la referencia que poseíamos, la referencia usaba una falda escueta, casi minifalda a mi entender (mi falta de talento en el vestuario, me hace ser muy incompetente en este ámbito, desde ya mis disculpas); unas botas de cuero que terminaban con holgura en las rótulas adusta de las rodillas, de tacos agudos y elevados, un cinturón de hebilla gruesa, con la forma, siempre sugerente, de una vestal, esperando su sacrificio; una blusa transparente, que dejaba entrever su brasier de encaje (sin pretender ser un descarado, aún siéndolo, debo señalar que sus pezones eran inmensos, tanto que eran visualizables, atravesando cualquier barrera impuesta, como corolario, señalar que eran de un ébano maravilloso); su cara era pálida, no blanca, pálida; mas próxima a otra dimensión, que a esta realidad insufrible, labios carmesí, nariz respingada y lisa, ojos embriagantes, al punto que ni recuerdo nada mas de sus facciones, ni siquiera su pelo.
Le preguntamos sobre la posibilidad de actuar en su zócalo, en realidad, los demás preguntaron, yo miraba su mirada y a duras penas contenía mi ansiedad de amar, la que me orillaba a saltarle encima y besarla hasta la inconciencia. Estaba en esa pugna interna cuando su risa me hizo caer en un coma profundo...si los ojos eran embriagantes, su risa era mortal, y entendía porqué, ya que su risa te llevaba a dimensiones celestiales, etéreas, gratas y nunca antes vividas por mí; junto al término de su risa volví a la vida y lo primero que veo es como su vista se deposita en la mía; sin palabras de por medio nos coqueteamos explícitamente, sin movimientos cadenciosos nos entregamos calor, hasta me atrevería a decir que sin tocarnos intimamos intensamente. Uno de los trabajadores que laburan en su local, estropeó de cuajo esta escena, dadoq ue requería de sus servicios inmediatamente; ella nos dió la espalda y un mozo nos ubicó en una mesa. La mesa conlindaba con tres mas, todas pobladas por seres de museo, próceres de su historia personal, hombres que no sólo le torcieron la mano al destino, sino que además le metieron el dedo en el culo. Los mas intensos y bulliciosos, eran unos gladiadores de cabellos blancos, teñidos por la edad, la pasión, el amor y el dolor; estaban celebrando el aniversario de la muerte de una de sus principales terratenientes, mujer de pelo cobrizo, cuerpo de pecado y caracter obstinado, de acuerdo a la historia que me contó uno de los héroes que se mantenía en pie, bueno, para ser franco, luego de la quinta botella de vino las historias poblaban sin verguenza el espacio conjunto, y me atrevería a decir que daba lo mismo si era verdad o ficción, ya que prevalecía la imaginación y la aventura.
Un grupo asexuado tocó en el proscenio, lo realizó con cierta creatividad y pulcritud y las canciones percutadas eran de su autoría, en ese momento específico, la fauna humana era lo mas variado que he visto en un largo tiempo, los viejos ancestrales por un lado, nosotros que por estrafalaríos no desentonamos, un grupo de nómades pintores por otro, etc. El grupo asexuado se acercó a nuestra mesa colorida, dándole aún más heterogeneidad, espero que visualicen la escena a esas alturas, las botellas en ese momento caían del cielo, salían de los saleros y por voluntad propia se destapaban y seguían a las bocas solitarias...siendo la mas solitaria la mía. Las conversaciones se tornaron inconexas entre todos, por lo mismo, como buenos humanos gregarios, nos agrupamos, yo me quedé con el gladiador que conocía a la terrateniente, que resultó ser un tipo impeque, curtido de la vida, con historias y anécdotas fascinantes, pero que no perdía su humildad, lo que le daba un halo de sabiduría y afabilidad que conmovía; en un acto espontáneo de genuina amistad, me regaló un ejemplar de su libro, yo le dí mis mas sinceras esperanzas...pronto sabré mas de este singular personaje, no lo dudo.
La noche siguió afiebrada, las botellas poblaron toda la mesa y su contenido nuestras barrigas redondas...los recuerdos a esta altura dejan de obedecer a la cronología y son mas bien ordenados jerarquicamente por el sentir...por lo mismo, y no queriendo serle infiel a la verdad, prefiero señalar que la noche terminó entre poesía, prosa, escultura, música, algunos grupos de música y las mujeres de amor rentado...como sabrán de antemano, sólo otro día mas en la semana.


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