Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Friday, September 09, 2005

No creerán cuando termine de contarles esta anécdota, siempre sucede que historias como esta son contadas en radios de dudosa procedencia, por lo general escondidas en algún dial oculto o simplemente se ven en tv como hechos impresionantes, bueno algo de eso hay acá. Atención, era un día de Sol, no hacía calor, pero era un día con Sol, yo participaba en una liga de futbol y era el capitán de mi serie, lo que no es mucho decir a la luz de los resultados; cuando llegué al recinto deportivo, las dos series anteriores habían sido voleteadas por los rivales de turno, nada del otro mundo. Nos tocaba entrar a la cancha y aún recuerdo las palabras sabias de nuestro coach...cabros traten de que no nos voleteen. Sin lugar a dudas, un sabio del deporte rey. Como sería un día especialmente raro, en particular para mí, todo partió de manera singular, al pitazo inicial, siguió un toque perfecto de un compañero hacia mí, yo con igual maestría devolví el balón a uno con mi misma polera, hasta ese momento (eternos 30 segundos), éramos dominadores absolutos, pero en eso no terminó, con hermosa sorpresa comienzo a percatarme que todo el equipo empieza a devolver las paredes a quien correspondía, los pases son a los de la misma polera y, en actos heroicos, estábamos quitando pelotas en el medio de la cancha, éramos un show. Más las sorpresas estaban recién comenzando, para asombro de todos, en una jugada repleta de lujos, nos acercamos con tal desición al arco rival que le pudimos marcar un gol, perdón...golazo. Todos saltaron a fundirse con nosotros en un abrazo eterno, era el primer gol que marcábamos como serie en el presente torneo (era la 8ª fecha), estábamos rebozantes de alegría, incluso y, si me apuran un poco, diría que hasta al árbitro esbozo una tierna sonrisa ante nuestra proeza. Nos juramentamos mantener la diferencia y aumentarla de ser posible, claramente era un día especial, pero no milagroso, sin darnos cuenta íbamos perdiendo 4/1, del resultado no me acuerdo, pero creo que no fue verguenza...grande.

Se acababa el día y también mis ganas de estar en el recinto deportivo, decidí en un acto poco usual en mí, andar por la ciudad, me mentalicé en tomar alguna micro con rumbo incierto y recorrer Santiago. No lo hice, tomé un micro hacia el Cajón del Maipo, en el recorrido aprecié como el cielo se tornaba gris, el Sol cedió, sin ningún tipo de lucha, a los cariños de las nubes quienes lo taparon con desición, eran nubes negras de esas que avecinan tormenta, más no me importó, tenía ganas de ir al Cajón, el trayecto es extenso, el camino sinuoso y las micros lentas, como señalé, no sería un día normal. Ya pasado las Vizcachas, bien pasado, en uno de esos recovecos que nos ofrece el paisaje por esos lares, decidí bajarme, sin mediar motivos racionales, detuve el micro y decendí; era un sitio que conlindaba con El Maipo y un imponente maciso de roca de la cordillera, sentir esa sensación me devolvía de inmediato a mi niñez, en donde en compañía de algunos rufianes realizábamos fechorías a destajo. En ese sector de lo que más me gustaba era El Volcán y Baños Morales, termas de agua amarilla en donde el agua más helada te dejaba rojo como jaiva, pero la salida del agua...uff, aguante valiente, te congelaba hasta dejarte las huevas como bolitas de cristal. En fin, eran parajes alucinantes, de los cuales me nutría y divertía. El camino era abrupto, de la nada siento como gotas de lluvia recorrren mi cara, maldición, la lluvia se apersonó; como presuponiendo que será una lluvia extensa de inmediato el Río Maipo aumentó su caudal, es una fiera ese río, parte en dos la Cordillera y se pierde en el Oceáno Pacífico en un torrente furioso, me fascinaba mirarlo desde siempre. La lluvia jamás ha sido impedimento para mí, seguí avanzando; abran sido 20 pasos cuando las gotas dan paso a granizos del porte de garbanzos, que con inclemencia azotaban todo lo que estuviera a su paso, rápidamente me pude parapetar en un negocio aislado, sin nombre, sin mercadería, con un viejete de incierta edad que con mirada curiosa asentía mi presencia, calmaron un poco los granizos, pero llovía sin frío, lo que sólo significaba que no pararía hasta que a las nubes les diera hipo, por lo menos, eso me comentó el añoso hombre. Salí a caminar no más, que tanto, es sólo agua y estaba bien equipado; me encaminé rumbo Río Maipo, bajé con experticia las húmedas planicies para acercarme lo que más se pudiera a su torrente, cuando me disponía a tocar su agua, distingo una luz sin nacimiento ni fin, era un rayo, hermoso, fuerte, luminoso, ví como se esforzaba por tratar de llegar al agua del Maipo, zigzaguendo en el aire, eran líneas rectas que se quebraban en noventa grados buscando con desesperación su húmeda guarida, en la retina me quedó su estela por varios segundos, sólo lo interrumpió un ruido infernal que venía acompañándolo mas un movimiento de la tierra me imagino que de la misma procedencia, fue impresionante, claramente sería un día especial. Los granizos no amainaron, la lluvia tampoco, menos lo haría yo, seguí caminando en busca de no sé que, comenzé a mirar el cielo tratando de adivinar cuando vendría otro rayo para poder verlo en toda su dimensión, en eso me percató, para total placer mío, que estaba cerca de la Garra del Diablo, lugar conocido en San José, por su historia de miedo e importancia. Dice la leyenda, que cuando al Diablo lo expulsaron del Cielo, en su lucha por la desición injusta, trató de aferrarse a lo que fuera para no caer en las tinieblas, en esa lucha descarnada, sus garras se prensaron en una ladera de la cordillera dejando su impronta marcada para siempre, él no pudo con la lucha y cayó al Haberno...su residencia actual. Bueno yo estaba a metros de esa historia fascinante, que mi abuelo, me contó en mi primera pubertad casi infantil, obviamente me dirgí a contemplar el espectáculo, sin dejar de ver al cielo por si ofrecía otro show pirotécnico, las tapas. Me acercaba con premura, cuando siento un escalofrío a mis espaldas, sólo ví la luz y que una fuerza descomunal me lanzó contra la ladera de concreto y roca, no recuerdo más hasta que despierto entre las manos del viejo de extraña mirada.

Como señalé en un comienzo, esta historia es extraña y aquí viene lo más extraño de todo, al reintegrarme paulatinamente veo con asombro como el veterano inmortal, me mira con extrañeza suprema y veo, para horror mío, como mi cuerpo había sufrido cambios producto del impacto del rayo, muté. Me salió un seno en medio de mis dos tetillas y mi pene tomó un grosor dañino, estaba atónito, incrédulo, también fascinado...mezcla rara no. Traté de levantarme, pero no pudé, el ancestro del tiempo (viejo), me señaló que podría ser por que mis espaldas tenían una suerte de...alas que modificaron mi carroza. Miré al cielo, pidiendo alguna explicación y me percaté que había ido a parar bajó la Garra del Diablo, entendí de inmediato que el cachudo metió la cola por acá. La lluvia no daba tregua, los granizos sí. Estaba en estado de shock, no sabía que hacer, me levanté con esfuerzo titánico, el peso de las alas...no les cuento. Me pusé frente a la garra del Diablo y la escupí, iba a echarle un par de chuchadas cuando siento que el seno desaparece, rápidamente entendí que había que escupir a la Garra, y así lo hice hasta que mis mutaciones desaparecieron suavemente, eso sí debo reconocer que las alas me dejaron seco de tanto escupo lanzado, pero estaba entero y normal. El anciano miraba con extraña devoción mis actos, pero me tenía que largar, justo a lo lejos veo que viene la micro, tengo que partir rápido o se me pasará, salgo corriendo sin darle las gracias al veterano, filo; alcanzó a tomar la micro, venía bajando así que de todas formas vería al vejete y podría despedirme, cuando pasó por su lado le pegó un grito de adiós, no me responde, sólo veo como lanza sin parar escupos a la Garra del Diablo.

No se mezclan días de lluvia, derrotas abultadas, nubes negras y viejos de curiosa mirada.