Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Monday, November 13, 2006

Pórtate mal, pásalo bien, siéntete diferente.


Siempre los matrimonios han despertado ese fervor ansioso, ese vertiginoso deseo de celebrar. Lo que me parece muy sensato, entendiendo que se celebra lo más hermoso y distintivo del ser humano, esa capacidad de amor, de comprometerse, independiente que vaya contra su naturaleza animal y polígama, a vivir una vida en conjunto, a extender su límite de cariño, ser uno en vez de dos. Me parece una distinción notable, un acto volitivo y temperamental, que debe rayar, so pena de equivocarme, con el límite difuso y flexible de la locura. Que más sincero, que más claro, que más homologable que la locura y el amor, son las veredas opuestas del mismo camino. El amor como concepto se estructura a partir de la pérdida completa e irrecuperable de la razón, donde las miradas se hacen cómplices la razón huye, ya que tan racional como es, entiende que no tiene cabida en la pasión, en los abrazos, en los besos, en el sudor y en las sábanas.


Todo lo anterior viene como antecedente de un matrimonio, muy diferente al último, ya que el novio no se desmayó, la novia ostentaba un aura de seguridad y belleza singular, la ceremonia fue pulcra y el local mágico. La noche se dio como siempre me pasan las cosas, extrañas. Llegué a la casa del novio, él listo y dispuesto, probablemente con horas de antelación, el hermano mayor, en una angustiante relación con su laptop y la madre escuchaba música clásica mientras acicalaba sus ojos con toques brillantes. Rápidamente se vinieron a la memoria los muchos matrimonios a los cuales he asistido, y creo con seguridad casi absoluta, que nunca vi tanta tranquilidad, si no fuera por mi atuendo y el del novio, nadie hubiera pensado que en las próximas horas estaríamos delante de una ceremonia hermosa. Me uní a ese ambiente calmo, el novio terminó de arreglar lo que estaba arreglando y partió a buscar a alguien, lo vería en la iglesia. En la casa nada cambió, la paz imperó, el hermano dejó de jugar con su pc, lo vi llorar, al parecer tuvieron una discusión encendida, le comenté al pasar que las máquinas son así, que uno debe hacer el esfuerzo y entenderlas, al parecer se calmó en algo. Partimos con destino sur, la iglesia y luego la celebración nos esperaban. Llegué y no conocía a nadie, extraña situación, esperé que pasara el tiempo y seguía sin conocer a nadie, de pronto un ser sin pelo en la cima de su cuerpo se acerca y me saluda, el primer conocido, una buena alegría, la primera de muchas. Al pronto mas gente saluda, la novia llega, casi un destello, un relámpago de elegancia y dulzura, el novio, a duras penas, pudo aguantar su incontinencia urinaria y manejo con destreza su diarrea galopante y entraron. El cura estaba desde hace un tiempo en el púlpito, rostro adusto, voz aletargada y profunda, asocie de inmediato una clase de adoctrinamiento en hipnosis que alguna vez tuve, el sermón casi inquisitivo, preocupado de la forma mas que del fondo, su prédica fue dirigida e intensa.


Terminó el sermón, los novios salieron de la iglesia, momentos antes me pasaron granos de arroz para lanzar a la salida, pensé que con mi mala suerte podría apuntar, sin querer, al ojo de alguno de los novios y estropear todo, luego el novio internado con una contusión ocular, la imagen se hizo mas clara, el temor me invadió, comencé a soltar los granos al suelo, cuando los veo venir, los lancé igual, no di con ningún ojo. Saludé a las personas con las cuales compartiría la mayor parte del resto de la noche... y el día. Voy saliendo con ellos cuando veo a un personaje conocido, mi memoria de elefante dio con un rostro familiar, un ser que antes era de tez oscura y hoy es sólo color mate, comprobé sin querer que la deriva genética de Darwin es cierta. Fué compañero de un año de universidad, otra gran alegría, más, cuando compartiríamos mesa, otra alegría. Llegamos a la celebración, el frío caló por unos momentos a los comensales, los aperitivos que se multiplicaban no daban abasto para calmar la sensación gélida, de pronto los novios, de pronto el baile, de pronto la cena, mas gente conocida, otra alegría.


La mesa era intensa, diversa, alegre. Aparte de mi compañero de universidad y su mujer, estaba otro ser intenso del norte, amigo de las noches de Luna sin duda, gran comensal. Los compañeros con los cuales compartiría, también eran intensos, un ser color cobre, un ser rubio platinado y un ser delgado que casi flotaba, acostumbraba a ver soluciones donde otros ven problemas, de rostro adusto, probablemente producto de algún dolor enquistado al cual no tuve acceso, claro que su rostro como capullo florecía ante cualquier risa y de lo adusto pasaba a dulce, acogedor, elegante, un remanso donde aquietar a mentes díscolas. La noche continuo, quedé a centímetros de agarrar el ramo, alcancé a esquivarlo, algunos sujetos echaban raíces en la barra, otros bailábamos desatadamente. Sonó un grupo rutilante, de música ardiente, el novio era el batero, el calvo que fue el primero en saludarme en la iglesia cantaba y un ser de melena greca y barba tupida sacaba sonidos ignotos de un instrumento de cuerdas. Terminaron de tocar, hubo mas música, mas bailes, mas trago.


Así la noche se convirtió en día y el día de nuevo en noche, pero todo ese proceso lo viví con los personajes de la mesa encantada y para mas detalles habría que volver a vivirlo.


Amigos que el amor los acompañe y que la comunicación sea una de sus formas predilectas de compañía. A veces las cosas no son como se piensan, así que cuando los problemas aparezcan recuerden este día inolvidable, a la gente inolvidable que aglutinaron para celebrarlos y todo el amor que derrocharon en esta noche.


Buena Vida