Palabras de un Don Nadie

La idea es sembrar pánico desde mi pánico. Que sea un espacio infinito en donde cobijar a esta mente inquieta, que a veces se hace eterna y se refugia en recovecos de dificil visión. El refugio de mis obsesiones, perversiones, pero también sueños y esperanzas. En fin, que sea lo que tiene que ser.

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Location: La Florida, Región Metropolitana, Chile

Tuesday, October 03, 2006

Caminando despacio lo vi alejarse, sin apuro, sin prisa, sin miedo. Su impermeable flameaba como bandera, debe ser por este viento inhóspito que suele asolar esta tierra en los comienzos de la primavera. Miré alrededor, vi el desmadre provocado, algunos muertos definitivamente, otros casi apunto de estarlo, yo vivo como ruiseñor en un campo de rosas. Quizás y sea radical mi sentimiento, quizás y sea mal interpretado, quizás y sea, de verdad, maléfico, pero muchos de los que yacían junto a mí, se merecían esa suerte, tal vez yo también me la merecía.

Al poco llegó la policía, mas deprisa que de costumbre, más incisiva que de costumbre, yo estaba mas retraído que de costumbre, el sentido común me lo decía. Apareció un prefecto de entre esos sujetos uniformados, quien amenazantemente, trató infructuosamente de sacarme algo de información, digo infructuosamente, no porque escondiera algún condenado detalle, sino simplemente porque no sabía ninguno. A la luz de su accionar, no me creyó, pasé la noche en la comisaría 18, en compañía de rufianes de poca monta y una buena cantidad de ebrios. Mientras los veía dormir y escuchaba roncar, recordaba, o trataba de recordar alguna característica del sujeto fantasmal, me resultaba inútil, sólo veía su sobretodo flamear como bandera, supo situarse en los lugares adecuados para que la luz le diera de espalda y sólo contemplar su silueta o es lo que recuerdo vagamente, bueno ni de eso estoy seguro, miró a mis contertulios por un par de segundos y luego desenfundó su revolver Smith & Wesson, algo me quedó de las tardes en que veía a Harry "el sucio", para matarlos sin dilación ni duda.

Uno de los ebrios pasó a llevar a otro ebrio y se armó cierta gresca, que no debería haber pasado a mayores si no fuera por el teniente Mujica, que golpeó alevemente a uno de los borrachos para que diera de lleno en la humanidad de uno de los rufianes encerrados, al contacto, el rufián se levantó y golpeó al ebrio, luego azotó su cabeza contra la muralla, parece que también contra las rejas, lo soltó y el santo bebedor cayó desparramado en la celda colectiva, un diminuto sendero de sangre brotó de su nuca, Mujica río. Esa risa me transportó, nuevamente, a la escena del crimen y quizás a la gran pregunta que me inquietaba, porque a mí no me disparo, la primera hipótesis es que no me conocía y dedujo que yo no era como mis contertulios, cosa que no es de extrañar, dado que ellos parecían, irremediablemente rufianes, serán sus cadenas de oro, serán sus colores en la piel, será esa forma particular que tienen de hablar o simplemente será por que siempre andan mostrando su revolver; yo no, yo sólo saludaba a un amigo de infancia, que cursó por la senda del delito y se convirtió en lumpen. Fuimos amigos en mi mas tierna infancia, esa en que no hay preguntas, esa ajena a la responsabilidad, esa sólo de gloria y alegría, era vecino de mi abuela, ella aún vivía por las inmediaciones. De todas las hipótesis que me planteé, esa fue la que tuvo mayor sensatez ante mi cordura que actuaba como juez, digamos esmirriada cordura a esta altura. Justo cuando pensaba en mi cordura como garante de la sensatez, entran unos guardias urgentemente y se llevan al ebrio fuera de la celda, me imagino que a darle alguna atención, dado los importantes estertores que estaba realizando, en eso miro a Mujica y esbozaba una siniestra risa. Pensaba y seguía pensando en porque a mí no me atacó, fue cómo esa vez cuando me internaron por violencia en el colegio, salí casi ileso de esa contienda, sólo recuerdo que los golpes arreciaban y después tengo un vacío, hasta encontrarme amarrado en esa sala. Bueno, esos sujetos eran peligrosos a todas luces, sus motivos habrá tenido el hombre del impermeable que flameaba como bandera.

Pasan un par de horas y aparece mi abogado, bueno en realidad es mi primo que resulta ser abogado también, me sacó de ese purgatorio terrenal, estas fuera, fue su único comentario, nos dirigimos a la salida, Mujica ya no reía, el prefecto tampoco, en guardarropía me devolvieron mis pertenencias. Ya en la calle, al aire libre, me sentí agradecido por esta oportunidad de estar vivo, en algún momento pensé en que se vería mas complicada mi situación, pero no fue. Caminamos en dirección a su vehículo, mi primo estaba en silencio, pero se veía calmo. Por nuestra misma asera pasa una madre con su hijo, era de día, quizás medio día, el niño me mira con devoción, justo cuando esta a mi lado, escucho que le comenta a su madre, mira su abrigo flamea como bandera.