Tenía esta labor pendiente, la debo por la fidelidad, por el aliento inclaudicable, por la admiración no merecida. Se denominaría tampón usado, nombre que se originó en un encendedor de poca monta
, que tenía como peculiaridad el ser rosado y con la forma de ese artículo femenino. La idea era que yo le sacaría una foto, en donde, obviamente, reluciera su fenotipo, su color, para que fuera cara visible de su blog, más la electrónica con la cibernética me jugaron una nefasta pasada, no pude con ellas y me tuve que conformar con poner a este personaje del cual pronto sabrán su nombre de pila.
La historia es especialmente infantil, muy ligada al ímpetu del adolescente, en especial, a esa rebeldía que los años van guardando en el closet, estropeando en el trabajo, consumiendo en la pareja; esa de que nos jactábamos y que,en definitiva, nos hacía mejores.
Caminando por mi barrio, llegué a la casa de mi socio de andanzas, mas bien retraído, más bien inteligente, un buen chato. Me comunicaba minutos atrás que existía la posibilidad de asistir a un mini-recital (sean textuales en la interpretación), de unos primos de unos amigos de él; entro a la casa y allí estaban, ambos hermanos, sin parecerse, al mirarlos, se sabe que son hermanos. Siento cierto placer en sus ojos por mi presencia, a la primera risa afectuosa y transparente, entiendo que quizás me lo merezco. Entre bromas lanzadas a tajo abierto por mi boca desbocada, llegamos al lugar en donde tendremos que esperar la locomoción para que nos conduzca al recinto del magno evento; sin percatarme, nos situamos cerca de un borracho de esos de antaño, de esos valientes, que solos salen a conquistar el mundo bebiendo el brebaje de turno escondido en una chaqueta maloliente, entre disculpas se acerca a mi grupo, pide la limosna que lo acerque en algo a su destino, se le otorga, tomamos la locomoción juntos, se nos pega como lapa, la violencia no es camino...se escapa por esa noche.
Arribamos a un recinto en penumbras, el negro adorna todo, desde los pocos muebles del lugar hasta las espaldas de los comensales, de a poco me percato que a mi no me gusta ese tipo de música, es un grito exesivo, bueno, quizás es reflejo de la sociedad. Ya estábamos ahí, había que seguir. De la nada se abre la puerta, el ruido se hace mas ensordecedor y aparece una señora, claramente debería estar mas perdida que yo, pero para sorpresa mía saluda a los hermanos con un cariño sanguíneo, era su tía y madre de uno de los intérpretes de esa noche, el sin sentido se apodera de mis expectativas, no sabía que vendría. Entramos a un bar promedio, la diferencia la hacía el segundo piso y su estridente música en vivo, ahí sería el recital de los jóvenes que por buscar identidad se hicieron músicos. LLegan a la mesa un par de pitchers, envidioso en la esquina, llega otro más. El momento del espectáculo está por caer, nos avisan que el grupo esta listo, a esa altura con bastante alegría nos adentramos en la gente, no pudimos avanzar demasiado, quedamos al final de la galera, la música comienza a sonar. Con fervor religioso algunos parroqianos comienzan a entonar una canción, entiendo que son fans y vienen a saciar su sed de música, algo pasa que los sonidos no están como debieran, más que importa, la muchedumbre piensa lo mismo que yo y con saltos endemoniados me lo hace saber. Mi amigo queda blanco, me señala paralizado que el piso bajó no sé cuantos centímetros luego de los saltos elásticos y vigorosos, que él lo vio con sus ojos sin mentira, creo que fue el único, porque nadie amaina en su pasión desatada; atrás mío aparece un ser desaforado, se dirige directo a los equipos y los corta de tajo, el silencio. La primera teoría que esbozé fue que al vocalista le había dado un paro respiratorio y estaba apunto de morir, no era mala muerte; estaba equivocado, nuevamente la figura de la tía de los hermanos fue la respuesta, nadando entre la multitud llega donde nosotros y nos señala que se suspende el recital porque el piso está cediendo, mi amigo tenía razón. Sin mediar mas explicaciones el dueño pone fin a la actuación, los jóvenes están atónitos, el maldito carcelero había puesto fin al sueño de una noche, se medita un momento y se clama por el derecho a justicia, la consigna fue, se te quema el local o devuelves el sucio dinero. No hubo cenizas, tampoco dinero. Los jóvenes tenían cercenadas sus almas, los padres también, esa era mi idea hasta que veo al pequeño baterista, con sus baquetas del porte de sus piernas murmurando...guatón culiado métete la plata en la raja.
Me acordé de su edad, me acordé de la rebeldía que se me fue por el water alguna noche de borrachera y entendí que sus vidas florecen y que las oportunidades se merecen y ganan. A ellos no les faltarán.
El personaje de arriba se llama Anders Celsius, también el grupo de esta singular noche, los hermanos siguieron riendo con un cariño que se agradece y mi amigo se fue con ellos a su morada. La noche termino, el piso no cayó y el pequeño de la baqueta escupió una historia en mi oído...ésta que hoy he contado.
Con cariño a Talo y Karen
, que tenía como peculiaridad el ser rosado y con la forma de ese artículo femenino. La idea era que yo le sacaría una foto, en donde, obviamente, reluciera su fenotipo, su color, para que fuera cara visible de su blog, más la electrónica con la cibernética me jugaron una nefasta pasada, no pude con ellas y me tuve que conformar con poner a este personaje del cual pronto sabrán su nombre de pila.La historia es especialmente infantil, muy ligada al ímpetu del adolescente, en especial, a esa rebeldía que los años van guardando en el closet, estropeando en el trabajo, consumiendo en la pareja; esa de que nos jactábamos y que,en definitiva, nos hacía mejores.
Caminando por mi barrio, llegué a la casa de mi socio de andanzas, mas bien retraído, más bien inteligente, un buen chato. Me comunicaba minutos atrás que existía la posibilidad de asistir a un mini-recital (sean textuales en la interpretación), de unos primos de unos amigos de él; entro a la casa y allí estaban, ambos hermanos, sin parecerse, al mirarlos, se sabe que son hermanos. Siento cierto placer en sus ojos por mi presencia, a la primera risa afectuosa y transparente, entiendo que quizás me lo merezco. Entre bromas lanzadas a tajo abierto por mi boca desbocada, llegamos al lugar en donde tendremos que esperar la locomoción para que nos conduzca al recinto del magno evento; sin percatarme, nos situamos cerca de un borracho de esos de antaño, de esos valientes, que solos salen a conquistar el mundo bebiendo el brebaje de turno escondido en una chaqueta maloliente, entre disculpas se acerca a mi grupo, pide la limosna que lo acerque en algo a su destino, se le otorga, tomamos la locomoción juntos, se nos pega como lapa, la violencia no es camino...se escapa por esa noche.
Arribamos a un recinto en penumbras, el negro adorna todo, desde los pocos muebles del lugar hasta las espaldas de los comensales, de a poco me percato que a mi no me gusta ese tipo de música, es un grito exesivo, bueno, quizás es reflejo de la sociedad. Ya estábamos ahí, había que seguir. De la nada se abre la puerta, el ruido se hace mas ensordecedor y aparece una señora, claramente debería estar mas perdida que yo, pero para sorpresa mía saluda a los hermanos con un cariño sanguíneo, era su tía y madre de uno de los intérpretes de esa noche, el sin sentido se apodera de mis expectativas, no sabía que vendría. Entramos a un bar promedio, la diferencia la hacía el segundo piso y su estridente música en vivo, ahí sería el recital de los jóvenes que por buscar identidad se hicieron músicos. LLegan a la mesa un par de pitchers, envidioso en la esquina, llega otro más. El momento del espectáculo está por caer, nos avisan que el grupo esta listo, a esa altura con bastante alegría nos adentramos en la gente, no pudimos avanzar demasiado, quedamos al final de la galera, la música comienza a sonar. Con fervor religioso algunos parroqianos comienzan a entonar una canción, entiendo que son fans y vienen a saciar su sed de música, algo pasa que los sonidos no están como debieran, más que importa, la muchedumbre piensa lo mismo que yo y con saltos endemoniados me lo hace saber. Mi amigo queda blanco, me señala paralizado que el piso bajó no sé cuantos centímetros luego de los saltos elásticos y vigorosos, que él lo vio con sus ojos sin mentira, creo que fue el único, porque nadie amaina en su pasión desatada; atrás mío aparece un ser desaforado, se dirige directo a los equipos y los corta de tajo, el silencio. La primera teoría que esbozé fue que al vocalista le había dado un paro respiratorio y estaba apunto de morir, no era mala muerte; estaba equivocado, nuevamente la figura de la tía de los hermanos fue la respuesta, nadando entre la multitud llega donde nosotros y nos señala que se suspende el recital porque el piso está cediendo, mi amigo tenía razón. Sin mediar mas explicaciones el dueño pone fin a la actuación, los jóvenes están atónitos, el maldito carcelero había puesto fin al sueño de una noche, se medita un momento y se clama por el derecho a justicia, la consigna fue, se te quema el local o devuelves el sucio dinero. No hubo cenizas, tampoco dinero. Los jóvenes tenían cercenadas sus almas, los padres también, esa era mi idea hasta que veo al pequeño baterista, con sus baquetas del porte de sus piernas murmurando...guatón culiado métete la plata en la raja.
Me acordé de su edad, me acordé de la rebeldía que se me fue por el water alguna noche de borrachera y entendí que sus vidas florecen y que las oportunidades se merecen y ganan. A ellos no les faltarán.
El personaje de arriba se llama Anders Celsius, también el grupo de esta singular noche, los hermanos siguieron riendo con un cariño que se agradece y mi amigo se fue con ellos a su morada. La noche termino, el piso no cayó y el pequeño de la baqueta escupió una historia en mi oído...ésta que hoy he contado.
Con cariño a Talo y Karen


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